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viernes, 31 de agosto de 2007

Una lección de vida



La semana pasada en Cincinnati, la ciudad reina, se reunió un grupo de venezolanos, la mayoría de ellos maracayeros, para formar parte de un sencillo pero significativo acto, el retiro de un número del equipo de béisbol profesional más antiguo del planeta.

A partir de ese momento, nadie más podrá portar en su uniforme el número 13, pues ahora oficialmente pertenece a David Concepción, un señor a quien muchos de los asistentes llaman “El Rey”, y otros simplemente “Mague”.

El fin de semana del retiro del dorsal comenzó con una exquisita cena. La sonrisa de David era más grande que su estatura.

Junto con sus amigos más íntimos, familia y compañeros de equipo Joe Morgan y Tany Pérez, compartimos las memorias, los abrazos y la felicidad que embargaba a quien durante 19 años sólo utilizó la gorra roja con una “C” blanca.

Un amigo cercano de David levantó su copa y dijo: “Hagamos un brindis por David, un hombre que con sus logros puso el nombre de nuestro país en alto y nos dejó muchas de las más gratas memorias de nuestras vidas. David mereces lo mejor, te damos las gracias y esperamos que el próximo paso sea la elección al Salón de la Fama en Cooperstown”.

El 25 de julio David se levantó a las 8:00 de la mañana mientras su esposa Dilia seguía acostada. Bajó al lobby del Cincinnati Hilton Nederland Plaza, tomó un café y acudió a una entrevista pautada para recordar los mejores momentos de su carrera con quien escribe estas líneas.

El Rey compartió las memorias de sus días trabajando para Cadafe en Maracay y jugando para el equipo de béisbol de la compañía, al igual que sus días de juventud en la ciudad jardín: “1965 fue un año muy grato porque Maracay era una ciudad muy aburrida, y se dio la noticia de que el nuevo equipo de expansión de la Liga Venezolana jugaría en Maracay y se llamaría Tigres”, recordó con nostalgia. “Yo iba al estadio José Pérez Colmenares y veía a esos grandes peloteros, ahí decidí que yo tenía que formar parte de ese equipo”.

Su mente repasó los días como jugador de baloncesto, su firma al profesional, su debut con los Tigres de Aragua, los días difíciles en las ligas menores y la llegada al famoso Riverfront Stadium.

“Cuando me avisaron que hice el equipo grande el mánager del clubhouse Bernie Stowe me preguntó que número quería utilizar. Yo pedí el 17 (por Alfonso Carrasquel) pero estaba tomado, luego pedí el 11 (por Luis Aparicio) pero estaba tomado, así que recordé que mi madre nació en 1913 y le pedí el 13. Stowe preguntó que si estaba loco, pues para la cultura americana el 13 es un número de mala suerte, él dijo que sólo me lo daría si Sparky (Anderson) me lo permitía. Así que fui y le pregunte a Sparky: ¿Tienes algún problema con que utilice el número 13? y el respondió: ‘A mí no me importa que número uses, mientras salgas al terreno y atrapes la bola y hagas el trabajo”.

Tras finalizar la entrevista David se dirigió al parque donde el presidente de los Cincinnati Reds, Bob Castellini, le rindió homenaje con un almuerzo junto con los grandes de la maquinaria roja: Johnny Bench, Tany Pérez, Joe Morgan, Sparky Anderson, Ken Griffey Sr., Lee May y George Foster. Tras finalizar pasaron al Crossley Room, donde se sentaron a compartir junto con nosotros anécdotas e historias de sus días juntos. Las risas no cesaron. La alegría inundaba la habitación. La nostalgia era contagiante. Las canas y las arrugas eran el reflejo de una juventud de dicha.

Entre los números retirados de los Reds permanecía una tela azul que tapaba algo. Una fuerte lluvia cayó sobre el Great American Ballpark mientras los Florida Marlins se preparaban para el juego. Ahí estaba, como por disposición de los dioses de este deporte, el heredero de David, Miguel Cabrera.

“David es lo más grande que tenemos los maracayeros, y los Tigres de Aragua, es lo más grande que compartimos”, decía la joven estrella mientras nos mostraba un tatuaje en su brazo que era perfecto para la ocasión: un tigre rasgando su brazo, simbolizando su amor por la divisa aragüeña, cuyas principales figuras en todos sus títulos han sido David y Miguel.

La pantalla del parque presentó de pronto a Omar Vizquel diciendo al inicio del acto: “David gracias por tus logros, eres la inspiración de mi carrera y me siento orgulloso de portar tú número 13”.

Las ovaciones de los locales se mezclaron con los gritos venezolanos en las tribunas. El telón azul en una pared del estadio de pronto cayó y dejó ver el número 13. David estaba atónito. No podía ni moverse. No sabía si reír o llorar. No sabía si era alegría o nostalgia lo que embargaba su corazón.

Al ser invitado al micrófono para dar unas palabras, el público extendió su ovación durante más de 5 minutos mientras el Rey recuperaba su temple. Lloraba como un niño. Más aún, estaba privado del llanto.

“Este es el momento más difícil de mi carrera. Pararme aquí y dirigirme a ustedes es lo más complicado que me ha tocado hacer. Por eso tratare de hablarles con el corazón”, dijo en palabras casi inentendibles por el llanto.

El mismo no creía el momento que estaba atravesando aquel flaco desgarbado y feo que llegó a una ciudad como Cincinnati siguiendo sus instintos y confiando en sus habilidades. David con su llanto nos daba un ejemplo que superó cualquier jugada, cualquier hit oportuno, cualquier título y hasta el jonrón en el Juego de las Estrellas. Nos daba un ejemplo de vida.

Tras la ceremonia pasamos a brindar con David, sus amigos y familia. Después de cumplir compromisos y entrevistas con la televisión, “El Rey” llegó a la sala, donde fue recibido con las notas del himno nacional venezolano cantado por todos los presentes. Sus lágrimas fueron su agradecimiento. Mientras compartíamos, Ken Griffey Jr., quien fue bat-boy de David, conectó el jonrón 591 de su carrera y, en menos de 10 minutos, llegó al lugar el histórico bate como un simple, pero significativo regalo para David por parte de otro futuro Salón de la Fama.

“David es mejor persona de lo que fue como pelotero... y como pelotero fue un jugador magnífico”, dijo Johnny Bench.
“Ha sido un hombre sano, que nunca, nunca ha realizado algo fuera de los patrones de la honestidad, la decencia y la buena conducta”, dijo Rafael Zábala, un cercano amigo que hoy en día comparte con David en los terrenos de la Liga de Veteranos de Maracay. “Eres el mejor campo corto que he visto en mi vida”, le dijo durante la ceremonia Sparky Anderson, el mánager que en 1970 le dio la oportunidad de jugar a diario.

La galería del Salón de la Fama ahora espera por la placa de Concepción. El próximo año será su última oportunidad para ser escogido directamente, de lo contrario deberá esperar una posible decisión del Comité de Veteranos en el futuro.

No cabe duda que el retiro de su número es un gran paso para la inmortalidad en el deporte, y tras lo vivido el pasado fin de semana, Concepción cristalizó su mayor deseo como persona, cuando en plena ceremonia, mientras el público aplaudía el descubrimiento de su número, se volteó hacia sus dos hijos y su hija y les dijo: “Aquí está el mayor regalo para ustedes y sus hijos”.

David... me quito el sombrero.

jueves, 30 de agosto de 2007

Debating Louis Castro


Was he the first foreign-born Hispanic in the Major Leagues?
By Ian Herbert

Tomado de la edición de Septiembre de la Smithsonian Magazine.

A quick glance at baseball's record books reveals nothing special about Louis Castro. His official file says he was born in 1876 in New York City and shows that he played 42 games as a second baseman for the Philadelphia Athletics during the 1902 season. He batted .245 that year with one home run and 15 runs batted in, then bounced around the minor leagues. He died in New York in 1941.

At a glance, Castro was just another one-season role player from baseball's early days. Yet many baseball historians are interested in his brief, unremarkable career. Dick Beverage, president of the Society of American Baseball Research (SABR), describes Castro's story as "a mystery." Gilberto Garcia, who recently finished a biography of Castro for the baseball journal Nine, says Castro is "part of American folklore." And baseball writer Leonte Landino calls Castro "a mystical, mysterious, even phantasmagorical figure."

So why all the mystery surrounding someone who appears to have had little to no impact on the game of baseball? The answer lies in the most basic of details: Castro's birthplace.

Until 2001, Castro was listed in the official records as being born in Medellin, Colombia—not New York City. That would make Castro the first foreign-born Hispanic to play Major League ball. That's a prestigious historical role, considering that at the start of the 2007 season, nearly 25 percent of Major League Baseball's players were from Mexico, South America or the Caribbean.

"He was the first one," says Nick Martinez, a baseball researcher and Castro biographer who runs louiscastro.com, a Web site dedicated to getting Castro a tombstone indicating he was the first Hispanic in the major leagues. "He laid the stake and made it easer for everyone else who is Latin to come in and play the game of baseball."

To be clear, Castro was no Jackie Robinson in terms of talent or cultural impact. When Castro broke into the major leagues in 1902, there was little fanfare surrounding his signing, and he didn’t have to deal with the animosity that was directed at Robinson every day of the 1947 season. Why? He looked white—or, at least, not black.

"The only issue they [Major League Baseball] had at that time was if it was a Negro player," Landino says. "Castro was a white player. Even though he was a Latino, he was white, and they didn’t have any problem with that."

The baseball portion of Castro's story begins at Manhattan College, where he was a pitcher and a utility infielder near the turn of the century. Manhattan College regularly played exhibition games against the New York Giants, and after college Castro played a couple years for semi-pro teams. Somewhere along the line, Philadelphia manager Connie Mack saw the young prospect.

Of course, sometimes prospects don't work out. Napolean Lajoie, Philadelphia's second baseman for six seasons, got into a contract dispute with the Athletics after the 1901 season and was traded. Castro filled in serviceably for 42 games the following season, but he was no Lajoie—a future Hall of Famer who, in his final season with the A's, had batted .426, the fourth-highest single-season average in baseball history.

That left Castro with some big shoes to fill. "Ultimately, I think the shoes won out—because he only played that one season with the Athletics," says Adrian Burgos, author of Playing America's Game: Baseball, Latinos, and the Color Line.

Despite the fact that the Athletics won the American League pennant in 1902, Castro was sent down to the minors the following year. He played in the Pacific Coast League and the South Atlantic League, and even managed the Augusta Tourists for a few seasons. Late in his life, he moved back to New York and lived with his wife until he died at age 64.

Through 1910, all the documents surrounding Castro's life—Manhattan College records, newspaper articles from his playing days and the form he filled out for the 1910 census—describe Castro as being from Colombia. There was no reason to question that fact until 2001, when Beverage came across Castro's file at the Association of Professional Ball Players of America. Castro, who was apparently quite poor at the end of his life, had joined the association in 1937 and received financial assistance from the organization in the final year of his life, Beverage says. Castro's file lists his place of birth as New York City, and that—coupled with his death certificate and his 1930 census form, both of which list Castro's birthplace as New York—was enough to convince SABR's biographical committee to change his birthplace to New York.

No one knows why the forms say different things. Garcia found a ship's log that lists a Louis Castro as an American citizen, so it could be that Castro learned at some point during his life that he was actually born in New York. Or perhaps a middle-aged Castro feared getting deported, or thought he could get more financial assistance by being an American citizen. Whatever the reason, that little switch of information has caused baseball researchers much angst over the years.

Martinez, however, thinks he has it figured out. Recently, he found a list of passengers from the S.S. Colon, which arrived in New York in 1885. The list includes both Castro's father, Nestor Castro, and an eight-year-old boy listed as Master Louis Castro. Though Major League Baseball still lists him as being from New York, the ship's log was enough to convince Martinez and Landino that Castro was indeed the first foreign-born Hispanic to play in the major leagues. Even the skeptical Beverage now says, "My thinking has sort of changed. It’s conceivable that he was born in New York, but I’m beginning to think that he was born in Colombia."

Even if Castro was indeed Colombian, many say the identity of the first Hispanic ballplayer is still up for debate. Some say that Esteban Bellan, a native-born Cuban who played with the Troy Haymakers of the National Association in 1871, should be acknowledged as the first Hispanic to play professional baseball. Jim Graham, director of the Baseball Hall of Fame library agrees: "Bellan did play at the highest level of the game that existed in 1871, so we usually throw the nod in his direction." Others point to Vincent Irwin "Sandy" Nava, who was born in San Francisco but described his mother as being from Mexico. Nava played for the Providence Grays in the 1880s.

But the Elias Sports Bureau does not consider the National Association an official major league, which would eliminate Bellan, and Martinez argues that Nava's birthplace rules him out as well.

Using that logic, Castro would indeed be the first of many Hispanics to play in the major leagues. And even though he might not have been harassed the way Jackie Robinson was in his day, he did open doors—perhaps even for Robinson. Branch Rickey, who eventually signed Robinson to the Dodgers, saw Castro as an early example of integration in the Major Leagues, Burgos says.

"I think it’s a big part of what you saw teams do throughout the 1930s and early '40s," Burgos says. "They continued to push the limits of what was the exclusionary point along the color line."

Ian Herbert covers sports for the Washington Post Express.

miércoles, 22 de agosto de 2007

El negocio de los vivos y los bobos


Es oficial. La Liga Profesional de Béisbol de Puerto Rico, la más antigua del Caribe aún en actividad, canceló por primera vez en su historia su venidera temporada aduciendo las constantes pérdidas de dinero que, según ellos, sus dueños venían soportando.

El presidente de la Liga José Andreu García, declaró que se tomó la medida para emplear los próximos 12 meses en la construcción de un nuevo modelo de Liga que reviva el interés de los fanáticos y que al mismo tiempo se convierta en un negocio rentable.

Es de conocimiento público que en la última década el béisbol profesional en Puerto Rico ha atravesado su peor situación. Mientras las ligas invernales de Venezuela, Dominicana y México se han fortalecido gracias a una modernización de su sistema organizativo, estrategias de mercadeo, difusión de medios y el llamativo para que sus principales figuras participen; en la Isla del encanto se produjo una involución de todos estos aspectos.

Según Candido Maldonado, quien fungió como gerente general de los Lobos en la pasada temporada "el principal problema es que no hay una verdadera intención por parte de los dueños ni de ningún otro directivo de la Liga en mejorar la situación”.

Y es que sin fanáticos no hay béisbol. Quienes compran las entradas, toman cerveza, ven los juegos por televisan y los escuchan por la radio son aquellos que soportan una liga profesional.

En Puerto Rico, los dueños se olvidaron de este pequeño detalle. Durante años no hubo un despertar de la Liga ante los masivos espacios vacíos en los estadios. No se dieron cuenta que fue como una medida de protesta. Una huelga.

El presidente de la liga dijo claramente que su primer paso es reunirse con las autoridades de las Grandes Ligas, buscando ayuda. Un fanático identificado como "Segar" declaró este comentario en sitio web del diario Primera Hora: "Considero que la Junta de Directores de la Liga espera que durante el próximo año Major League Baseball les resuelva el "problema", el cual se pudo resolver con anticipación trabajando en Puerto Rico. Una pena que la mentalidad de colonizados destruya la institución de nuestro béisbol profesional".

Me gustaría que esta situación abra los ojos de los dueños de equipos de las demás ligas invernales y los ponga a reflexionar un poco. En México, aunque el nivel de la Liga no es el mejor, sus fanáticos en el Pacifico asisten con entusiasmo a estadios limpios, cómodos y llenos de actividades para el deleite familiar. En Dominicana, aunque las estrategias de mercadeo estén un poco atrasadas, el nivel de juego es lo más importante y el sentimiento de sus estrellas, como por ejemplo Miguel Tejada, hacia su Liga y su país, mantienen viva la llama de la pelota de fin de año.

En Venezuela debe haber un balance de ambos, Hay un excelente nivel de juego, que incluso va en ascenso con los peloteros locales, pero los fanáticos merecen más y mejores servicios y una difusión más moderna y profesional. El béisbol es un negocio y como tal merece una inversión. Sin inversión no hay ganancia, sólo cuando hay vivos viviendo a costa de los bobos. En Puerto Rico se acabaron los bobos, y quienes eran vivos ahora lloran, y además crearon un daño irreparable.

Esperemos que el problema de Puerto Rico ayude a la revitalización del circuito y más adelante a la consolidación de una “Súper Liga” entre los 4 países y los 28 equipos. Ojalá no sea el primer paso del descalabro del béisbol invernal.

sábado, 18 de agosto de 2007

Rickey on Rickey


Este es un artículo de Jeff Pearlman especial para la sección Page 2 de ESPN.com. Es una parodia sobre la rueda de prensa de los Mets presentando a Rickey Henderson como su nuevo Coach de Bateo.

The press conference begins with an announcement from Jay Horwitz, the Mets' media relations chief. "The New York Metropolitans are excited to announce that we have hired Rickey Henderson as our new hitting coach. As many of you know, Rickey played 25 seasons in the big leagues, and is the all-time stolen base king, as well as ..."

RICKEY: Uh, Jim ...

HORWITZ: Excuse me?

RICKEY: Rickey wants to talk.

HORWITZ: My name is Jay.

RICKEY: Yeah. Rickey wants to talk.

HORWITZ: Without further ado, our new hitting coach, Rickey Henderson.

RICKEY: First off, Rickey would like to thank Rickey, God and Rickey, none of whom could have made this day any less possible. Rickey would also like to thank Mr. Steinbrenner. Rickey had some tough times when he was in New York last time, but Rickey ...

HORWITZ: Uhm, Rickey? We're the Mets.

RICKEY: Yes.

HORWITZ: George Steinbrenner owns the Yankees.

RICKEY: Who's paying Rickey to be here?

HORWITZ: Fred Wilpon.

RICKEY: Rickey doesn't know Fred Wilpon.

FRED WILPON (waving awkwardly from two seats over): Uh, that's me. I own the team. We met for the 100th time three minutes ago. Let me just say the Mets are very happy ...

RICKEY: When Rickey Henderson was asked to manage the Mets, he thought to himself, "Rickey, you're handsome, you're intelligent, you're a great dancer, you ..."

WILPON: Uh, Rickey. You're not our manager.

RICKEY: Yes, Rickey is.

WILPON: No.

RICKEY: Rickey's not?

WILPON: No, our manager is Willie Randolph. He's sitting next to you. You played with him for 4½ years with the Yankees ...

RICKEY (turning toward Randolph): Rickey thought you were Wayne Tolleson.

RANDOLPH: Noooo-I'm Willie Randolph. The manager.

RICKEY: Rickey says you look like Wayne Tolleson.

RANDOLPH (chuckling awkwardly): Rickey, I'd just like to say how excited we are ...

RICKEY (turning toward Horwitz): Rickey wants a raise.

WILPON: What?

RICKEY: Rickey wants a raise.

WILPON: You just got here.

RICKEY: Rickey wants a raise. Rickey needs to be highest paid, or Rickey's not playing.

WILPON: Rickey, you're our hitting coach.

RICKEY: Does Rickey know you?

WILPON: I own the Mets. We just spoke ... twice.

HORWITZ: With us today is Jose Reyes, the Mets All-Star shortstop. Jose leads the league in stolen bases, and is very excited to have Rickey ...

RICKEY (turning to Reyes): Does Rickey know you?

REYES: Of course. We ...

RICKEY: This spring Rickey instructed someone who looked just like you.

REYES: That was me.

RICKEY: No. Rickey remembers. Guy spoke Spanish to Rickey.

REYES: Si, hablo Español. Me llamo Jose Reyes. Somos amigos.

RICKEY: Rickey doesn't understand what you're saying to Rickey.

HORWITZ: OK ... OK. Let's take some questions. Selena ...

SELENA ROBERTS, NEW YORK TIMES: Rickey, do you have any thoughts about Barry Bonds' pursuit of Hank Aaron's home run record? Do you think he used steroids to get an adv ...

RICKEY: Rickey never used steroids. Rickey is all natural.

ROBERTS: Uh, yeah. But do you ...

RICKEY: Rickey is all natural.

HORWITZ: Joel ...

JOEL SHERMAN, NEW YORK POST: Rickey, are there any hitters you're especially excited to work with?

RICKEY: Most definitely. Rickey.

SHERMAN: Excuse me?

RICKEY: Rickey.

SHERMAN: I don't understand ...

RICKEY: Rickey needs a few minutes of BP, but Rickey can still hit, Rickey can still run, Rickey can still change the game. Rickey will steal 300 bases this year if Rickey is given the green light. (Turning toward Randolph) Wayne, give Rickey the green light.

RANDOLPH: I'm Willie Randolph.

RICKEY: Lou Brock was the symbol of great base stealing. But today, Rickey's the greatest of all time.

WILPON: Rickey, what are you talking about?

RICKEY: Rickey just being Rickey.

MARTY NOBLE, MLB.COM: Rickey, excuse me. Rickey you're 48 years old. The Mets didn't hire you to play ...

RICKEY: Rickey's hammies are sore.

NOBLE: What?

RICKEY: Rickey's hammies are sore. Rickey needs a massage.

RANDOLPH: Rickey, our guys are about to hit from the cage. I think we should ...

RICKEY: Does Rickey know you?

Jeff Pearlman is a former Sports Illustrated senior writer and the author of "Love Me, Hate Me: Barry Bonds and the Making of an Antihero," now available in paperback. You can reach him at anngold22@gmail.com.

Luis Castro y el registro del barco



El desarrollo del béisbol en los países de la cuenca del Caribe y la contribución de nuestros grandes jugadores al más alto nivel es hoy un punto indiscutible para la fecha que escribo estas líneas, el año 2007.

El béisbol cosechó sus raíces en la región noreste de los Estados Unidos hace ya más de 150 anos y hoy es una de las actividades deportivas, de recreación y hasta un estilo de vida para millones de seres humanos alrededor del planeta.

¿Pero como surgió todo esto? ¿De donde salió este fenómeno que hoy en día ha convertido a muchos simples deportistas hasta en figuras de la farándula? ¿Quién fue el primer latinoamericano que jugó en las Grandes Ligas?

Es una pregunta, cuya respuesta ha sido discutida por décadas.

La versión mas aceptada es que el cubano Esteban Bellán fue el primer jugador latinoamericano traído de su país para jugar béisbol profesional en los Estados Unidos. Lo hizo con el Troy Haymakers en la National Association en 1871. Bellán después de jugar 3 años en dicha liga retorno a Cuba donde fue uno de los grandes propulsores y entrenadores del béisbol en la Isla a principios del siglo XX.

Sin embargo, la National Association no es considerada una liga mayor, y previo a 1901 solo las estadísticas de la National League son avaladas por Major League Baseball, dejando a Bellán en un limbo en la historia.

Siguiendo los caminos oficiales, sabemos que en 1902 un segunda base llamado Luis Castro fue firmado por los Philadelphia Athletics de la Liga Americana y jugó 42 partidos. La versión mas aceptada durante décadas fue que era un colombiano estudiante del Manhattan College en Nueva York quien destacaba en el equipo de béisbol fue firmado por el manager/dueño del club Connie Mack y lo llevo a Philadelphia, pero según las investigaciones del Dr. José Jiménez de Santiago en la República Dominicana, Mack lo despidió rápidamente por su fuerte temperamento. Se sabe con certeza que Castro luego jugó en las Ligas Menores por unos cuantos anos.

Hay versiones basadas en historia oral de la época que dicen que Castro era familiar del entonces presidente venezolano Cipriano Castro. Incluso se llegó a decir que podría ser su hijo y que este se cambio la nacionalidad para que su padre no se enterara de lo que en realidad estaba haciendo en tierras lejanas. El dictador venezolano vivió gran parte de su vida en Colombia y tenia una parte grande su familia en el vecino país, por lo que se piensa que en realidad podría haber un parentesco, aun no determinado.

Lo que si se sabe es que no era su hijo. Su padre se llamaba Néstor, como lo comprueban varios documentos de la época, entre ellos su registro en el Manhattan College y algún documento s públicos. Castro nació en Medellín y por lo tanto es considerado el primer latinoamericano en las Grandes Ligas.

Recientemente la historia esta tomando un giro.

Se han retomado investigaciones acerca del caso Castro y hace poco se dió a conocer la versión de que según la tarjeta del censo de los Estados Unidos de 1930, aparece listado un Louis Castro, viviendo en Flushing, Nueva York, de profesión jugador de béisbol, quien pone como su lugar de nacimiento a la ciudad de Nueva York. Se sabe que Castro murió en Flushing, de hecho sabemos donde exactamente esta enterrado.

Cuando recientemente algunos miembros de la Sociedad Americana para la Investigación del Béisbol (SABR) dieron a conocer este hallazgo, las bases de datos de récords de jugadores inmediatamente cambiaron el lugar de nacimiento de Castro a Nueva York, cambiando al mismo tiempo décadas de historias y leyendas.

Sin embargo, apoyo la versión de que la tarjeta del censo podría estar errada y un hallazgo nos demuestra lo contrario.

Como parte de mi investigación para la SABR, converse con Nick Martínez de Las Vegas, Nevada, quien esta detrás del caso desde hace algún tiempo.

Martínez dio con el paradero de un registro de pasajeros del buque S.S. Colón fechado el 16 de octubre de 1885 con entrada en el puerto de Nueva York proveniente del puerto de Aspinwall en los Estados Unidos Colombianos, puerto que hoy en día se conoce como Colón, Panamá. Ahí aparecen los nombres de Néstor Castro de 50 años, de profesión banquero, junto con su hijo Luis, de 8 años.

Sobre su tarjeta del censo, se supone que para recibir beneficios del estado Castro se hizo pasar por Norteamericano y cambio su nombre de Luis a Louis. De hecho, hay registros de ayuda económica en la década de 1930 por parte de la Asociación de Peloteros de Grandes Ligas para Luis Castro quien estaba en bancarrota y murió en la pobreza en 1961, a los 64 años, presumiblemente de malaria.

Este hallazgo deja en claro que Castro fue el primer latino en las mayores y que los cambios recientes en bases de datos están errados.

Sin embargo hay algo que esta claro, Castro no fue el primer latino llevado a los Estados Unidos para jugar Grandes Ligas. Siempre se pensó que fueron los Cubanos Rafael Almeida y Armando Marsans en 1911, pero tras revisiones de nacimientos hemos comprobado que el primer cubano en las mayores fue también en ese 1902, con los Chicago Orphans (hoy Cubs). Un jugador nacido en La Habana llamado Chick Pedroes (nombre aparentemente transformado desde Charles Pedro, o Carlos Pedro) tomo 6 turnos al bate entre el 21 y el 22 de agosto. Su lugar de nacimiento estuvo listado como Chicago desde hace anos, hoy en día ha sido cambiado a Cuba. Este es un caso en plena investigación.

Castro fue el primer latino en este largo camino que se extiende cada día con cada chico que entra por la puerta grande a un parque de pelota, aunque su oscura vida ha hecho mas difícil la labor de investigación se sabe que fue el primero, al menos hasta el momento de escribir estas líneas, el año 2007.

viernes, 17 de agosto de 2007

Luis Castro and the ship log


The development of Latinos in the game of baseball and their contributions in many aspects to the highest levels, not only in the United States, but also around the planet is an issue completely unquestionable by the time I write these words, the year 2007.

Baseball created its roots in the northeastern region of the United States over 150 years ago and today is one of the most recognized and followed sports in the globe, serving as a way of entertainment and as a mean of living and a lifestyle for millions of living souls.

Latin America quickly got on board with the game that Walt Whitman once praised. Databases and documentations from Cuba, Venezuela and Mexico have shown the presence and beginnings of the game before the arrival of the 20th century creating around this game what today we consider as a cultural connection, a legacy, and a heritage.

The best exponents of the game from our countries carry the same heritage these days. Their perseverance and hard work to make a living and help the growth of the game is present in each player that arrives to the United States and attempts to become a star in the top level, the major leagues, or at least get a little taste of its sweet flavor, just like Luis Castro did in 1902.

Our focus in Castro in based on being the first born in Latin American who ever played Major League Baseball. Esteban Enrique Bellán, a Cuban ball player, was the first Latino who ever played "professional baseball" in the United States, when he was sent from Cuba to study at Fordham where he played baseball, becoming a star who was hired by the Troy Haymakers of the National Association in 1871. However, Major League Baseball history does not recognize the National Association stats or players as a part of their system, because of some issues about this circuit: gambling, dominance of only one team and the lack of a central direction or authority. Since this is also a point in dispute in baseball history, Bellán is not considered a former major league baseball player, at least not an official one.

For many years we, as Latinos, have believed that the pioneer in the Major Leagues has been a mystical, mysterious, even phantasmagorical figure of a second baseman that was picked by the legendary manager-owner Connie Mack to play for his Philadelphia Athletics. Luis Castro's birthplace has been subject of never-ending researches from people all over the continent. The biggest mystery remains there, although after years of putting some results together and talking to several people, the search is now narrowed to Colombia, either Cali, Cartagena or Medellin or New York City.

The most common version of the story tells that Castro was a student at the Manhattan College in New York and was signed to play at the major league level with the Philadelphia team of the American League. He played just 42 games and after that he was released. There are records about his playing days in Minor League Baseball after 1902.

It was also believed that he could have been the son of General Cipriano Castro, president of Venezuela, who sent his son to attend college in New York, and became a baseball player, but the kid in order to hide his activities from his father, changed his nationality on the school records.

The most recent version came after the United States government made public the original records of the 1930 census, and researchers found that a Louis Castro, with profession "baseball player", son of Nestor Castro, was a resident of Flushing, New York, and as his birthplace he stated: New York City, putting aside the fact that he was the first Latin American born to ever play baseball at the Major League level.

The biggest challenge in Castro's case is to determine his birthplace. After all, we know that he played baseball; we know that he attended Manhattan College, and we know he died in New York City. Bu this birthplace will make his soul to be recognized as the first Latin major leaguer, or not. If he was born in Colombia or Venezuela, he is definitely "the one", if he was born in New York, then we will have to place our directions to Chick Pedroes, who played two games for the Chicago Orphans in August 1902, and was born, according to the official baseball records in Havana, Cuba.

After interviews and conversations with many people who have also attempted to trace Castro's origins, I talked to Nick Martinez, a baseball researcher from Las Vegas, Nevada who provided me with the key to leave Castro's legacy as the first Latino in Major Leagues.

Martinez found an original list of passengers from the S.S. Colon, which arrived in New York City on October 16th, 1885. The ship sailed from the port of Aspinwall, United States of Colombia. In this list, passenger number 18 is Nestor Castro, 50 years old, born in the United States of Colombia, listing banker as occupation, coming to America as a visitor. Passenger number 19 is Master Luis Castro, age 8, born in the United States of Colombia.

The most consistent data about Castro's life is that his father was Nestor Castro. It is stated in his school records and his census card; therefore, this list proves that Castro came at 8 years old, with his father to New York and both entered the United States as visitors, and stayed in the country. His birth date on November 25th, 1876 matches his reported age on the ship.

Colombia and Panama formed the United States of Colombia, as a country, until 1886 when the country changed the name to Republic of Colombia. Panama became an independent republic on November 3rd, 1903. The city of Aspinwall, was a center of dispute, since it was an important port of call and trade center for American companies who ended up calling the city “Aspinwall”. However the locals refused this name and claimed that the city's name should be Colon. In 1890 the Colombian government decided to return every mail piece addressed to Aspinwall, changing the official name of the city to Colon, which still remains.

In simple words, Castro and his father, both born in Colombia, supposedly on Medellin according to the school records, arrived in New York from Panama and started a new life in America since 1885.

About his relationship with President Castro, the story about being his son came from a reporter who wrote about him being some sort of a "prince" in Venezuela. In those days, for a Latino to become "accepted" needed to have some kind of high class position in society, and maybe the relationship was just a marketing tale. President Castro was an open enemy of the US international policy, and he was well known in political public opinion at the time.

General Castro was born in a border town in Venezuela and from 1888 and 1892 was the governor of his native state of Tachira. After he was ousted, went back to Colombia where he previously attended college and live a big part of his life, and planned the revolution movement to take the control and power of the country in 1899. Although no direct blood lines or genealogy links has been openly found, it is a strong possibility that Nestor and his son Luis, could have been part of General Castro's family in Colombia, and perhaps their trip to the U.S. and Luis' education could have been paid by their politician relative. Notice that the version of being general Castro's family came directly from a Luis story. His A’s teammates called him the "Prince of Venezuela".

According to Dr. Jose de Jesus Jimenez, a baseball researcher in the Dominican Republic, Castro was no an easygoing person and was rapidly fired from the Athletics because of his strong behavior. After being released he started his minor league career until 1912, as the SABR Minor League Committee, has supported.

In the July 2001 SABR Minor League Committee has stated that Carlos Bauer, a former secretary with the Association of Professional Baseball Players found out that Castro received economic assistance during his late age. The official data from this office showed his birthplace is New York City. After the S.S. Colon log, we can assume that Castro probably wanted to pass for an American citizen by born, in order to receive economical benefits from the Association and to avoid any kind of discriminations.

Recently, several baseball databases such as baseball-reference.com and baseball-almanac.com, changed his birthplace to New York, making Pedroes the first Latino in Major Leagues, but the discovery of the ship's information and passenger's list provides a solid, and perhaps an irrefutable proof about his immigration to America. Even though he was not the first player who was brought by a team to play Major Leagues, Castro has to be recognized and credited as the first Major League Baseball player ever born in a Latin American country.

Oh...by the way. He was Luis, not Louis.

jueves, 9 de agosto de 2007

La jeringa del respeto


Bueno, finalmente el día llegó. Barry Lamar Bonds, nativo de Riverside, California, a sus 43 años alcanzó la marca de cuadrangulares de todos los tiempos en las Grandes Ligas, el récord más sagrado de este deporte.

Para que se den una idea del quiebre de marcas en los últimos años, cuando Rickey Henderson superó en bases robadas a Lou Brock fue casi un día de fiesta, lo mismo ocurrió cuando Cal Ripken alcanzó el récord de juegos consecutivos en su carrera e incluso cuando Mark McGwire superó a Roger Maris en jonrones en una temporada; más aún, cuando Nolan Ryan alcanzó su ponche 5,000 y cuando Wade Bogas o Tony Gwynn alcanzaron 3,000 imparables los fanáticos alrededor del mundo sintieron admiración por tales logros. Con Bonds, no ocurrió lo mismo.

Más allá del culto a la personalidad por el hecho de ser deportistas famosos, la satisfacción se produce por ver a una persona alcanzando una meta, producto de su trabajo, constancia y ética. Muchos nos trazamos objetivos personales y el proceso para alcanzarlos no es nada fácil, pero tenemos la fe de que algún día lo lograremos. Es la fe lo que nos impulsa a seguir, por eso es admirable cualquier meta lograda, que en un terreno de béisbol se traduce a un récord personal o un campeonato para un equipo.

Pero la excepción llegó con Barry Bonds, y es que romper un récord con la duda de haber hecho trampa es algo que no se ve con buenos ojos.

Esta es una marca opacada por acciones ilegales en el béisbol; por conjeturas de uso de sustancias prohibidas que “pudieron haber dado una ventaja física” y tener una ventaja para quebrarla, es realmente injusto al recordar las situaciones que vivió Henry Aaron cuando en 1974 superó la misma barrera en posesión, en ese entonces, de la figura más grande en la historia del juego, Babe Ruth.

Aaron fue amenazado de muerte si quebraba la marca de Ruth por ser negro. Aaron sintió un compromiso social, de valentía y de respeto para su raza si continuaba apuntando hacia las bardas. Aaron demostró integridad y se ganó el respeto de un país entero que incluso hoy en día lo idolatra en cada momento de su vida.

Bonds, sin ni siquiera habérsele comprobado el uso de esteroides por los canales oficiales que rigen el deporte, es blanco de desprecio y decepción. Es triste que la celebración de su récord se limitara públicamente a su familia, porque hasta sus compañeros de equipo lo felicitaron por compromiso. Un jugador de los Giants me dijo la semana pasada: “ya queremos que se acabe todo esto, estamos cansados de esta payasada alrededor de este tipo”. No creo que un miembro de los Braves del ’74 haya pensado así, al contrario, para ellos fue un privilegio estar presentes en tal momento histórico.

El comisionado de las Grandes Ligas, en su mensaje de felicitación dijo:”…en este país cualquier persona es inocente hasta que no se demuestre lo contrario…” y tras el histórico jonrón se limitó a meterse sus manos en el bolsillo, mientras una parte del Petco Park de San Diego aplaudía y otra abucheaba mostrando pancartas con asteriscos gigantes, solicitando que los cuadrangulares de Bonds no sean oficialmente reconocidos como la marca oficial en la historia del juego.

Quizás el record lo tenga, pero no el respeto. El ego de Barry Bonds lo llevó por un camino donde consiguió gratificaciones instantáneas que muchos jugadores sueñan como premios al Jugador Más Valioso, el récord de jonrones en una temporada, contratos multimillonarios y fama mundial, pero al final del camino, le faltó una jeringa por inyectarse: la dosis del respeto. Esa no se compra…te la regalan.

viernes, 3 de agosto de 2007

Segundas partes también son buenas


El pasado lunes el público presente en el Autozone Park, la casa de los Memphis Redbirds, el equipo AAA de los St. Louis Cardinals, le daba una ovación más fuerte de lo normal a un cuadrangular de su tercer bate. Por un lado el estacazo le daba el liderato de la Liga de la Costa del Pacífico en esa categoría, por el otro, era un paso más en su intento por regresar a las mayores, la diferencia es que cuando llegó al máximo nivel lo hizo como lanzador. Hablo de Rick Ankiel.

Ankiel fue comparado con Sandy Koufax cuando irrumpió en las mayores con los Cardinals en 1999. Su recta de 97 millas le dio un cupo en la rotación. En el 2000, tras iniciar 30 partidos en la temporada regular, su capacidad de lanzar strikes simplemente se fue. Se desvaneció. En dos partidos de aquella postemporada no pudo pasar de la segunda entrada, otorgó 11 bases por bolas.

De la noche a la mañana su carrera paso de lo sublime a lo ridículo. En el 2001, fue enviado a las menores y el panorama se le complicó aún más con una operación de Tommy John que lo dejó fuera de actividad por dos campañas. En el 2004 regresó a las mayores, pero el dolor en su codo lo limitó a 5 apariciones.

En el campo de entrenamiento de los Cardinals en el 2005, el Gerente del club, Walt Jocketty, viendo que su carrera como lanzador era limitada, le propuso un cambio de posición a los jardines basado en el buen bate que mostró como lanzador en la Liga Nacional. En 68 turnos en el 2000 conectó 17 hits. Ankiel aceptó sabiendo que para regresar a las mayores como jugador de posición debía pasar de nuevo por el proceso de Ligas Menores.

Esta semana conversé con el Director de Medios de los Redbirds, Kyle Patterson, quien dice que existe un gran entusiasmo dentro del club y de parte de la fanaticada de los Cardinals por ver a uno de sus jugadores favoritos hacer el equipo grande como bateador. “Rick no tiene más opciones en su contrato, si los Cardinals lo llaman y deciden que aún no está listo para batear en las mayores deben colocarlo en la lista de waivers antes de devolverlo a las menores y correrían el riesgo de perderlo, después de invertir mucho tiempo y dinero en él. Cuando sea llamado, va a ser para quedarse como jardinero”.

Otro punto que aletarga su llamado es que un bateador generalmente toma entre 1000-1500 turnos antes de subir a las Grandes Ligas. Ankiel no llega ni a 800, pero ha conectado más de 50 jonrones en 2 campanas como jugador de posición.

El agua se les sube al cuello a los Cardinals. Claramente el equipo necesita pitcheo para competir en la división central, y en cuanto a la profundidad de los jardineros, podrían utilizar el bate de Ankiel, además de la energía positiva que un caso como este arrastra por sí sólo.

No es fácil ser un jugador de Ligas Menores. Aunque siempre digo que es mucho más difícil para los jugadores latinos, aquellos con privilegios como Ankiel, tampoco la tienen fácil. El gran Stan Musial comenzó su carrera como lanzador y tras una lesión cambió de posición a los jardines, al llegar a las mayores comenzó una increíble carrera de 3630 hits y 475 jonrones.

No se si el caso de Ankiel puede compararse a Musial, pero es una tremenda historia de superación de adversidades. Será cuestión de días para que una ovación de Ligas Menores se convierta en una de Grandes Ligas.