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miércoles, 6 de octubre de 2010

¡Tronó el Relámpago!

Carlos González se alzó como el primer zuliano líder bate en las mayores.

Y se hizo oficial el pasado 3 de octubre. Carlos Eduardo González Guerra, jardinero de los Rockies de Colorado de 24 años, en su tercera temporada en las Grandes Ligas, y primera a tiempo completo, se convirtió en el primer zuliano ganador de un título de bateo en el máximo nivel del béisbol y el tercer venezolano que logra la hazaña al dejar promedio de .336 en 145 juegos.

La carrera por el mejor promedio de la Liga Nacional culminó tras semanas de recia batalla entre González, el canadiense Joey Votto, inicialista de los Rojos de Cincinnati y el venezolano Omar Infante, utility de los Bravos de Atlanta.

El zuliano y el canadiense le inyectaron sazón a la recta final de la temporada con la disputa de la triple corona ofensiva en los departamentos de promedio, cuadrangulares y remolcadas mientras impulsaban a sus respectivos equipos en la disputa por un boleto de clasificación a la postemporada y consideraciones para el premio al Jugador Más Valioso.

Pero la temporada que experimentó "El Relámpago" llevó al béisbol zuliano a un nivel superior.

Desde el debut de Pompeyo Davalillo con los Senadores de Washington el 1 de agosto de 1953 hasta el de Jean Carlos Boscán el 1 de octubre del 2010 con los Bravos de Atlanta, 37 han sido los zulianos que han visto acción en la gran carpa. De ellos sobran las hazañas y glorias en los mejores campos del mundo producto del talento adquirido en tierras de Urdaneta.

Aún no es posible opacar las proezas que consistentemente durante 18 años amasó Luis Aparicio Montiel para alcanzar la inmortalidad como único venezolano en el Salón de la Fama que encabezan episodios como el juego sin hits ni carreras y el dominio de Wilson Álvarez, la longevidad y talento de Vitico Davalillo, el swing perfecto de José Herrera, las proezas de Ramón Monzant, la garra de Géremi González y muchos otros capítulos que se han escrito en las páginas de la historia del juego que nos trajo William Phelps.

Son estos chicos como González, quienes mantiene la llama viva del béisbol. Son actuaciones como ésta las que marcan una generación. Es su naturaleza misma la que genera una continuidad generacional que inevitablemente tiende aportar más y mejores talentos al escenario de la pelota mundial provenientes de esta dichosa región.

El fenómeno "Car-Go"
 
La actuación de Carlos González es producto de la convergencia de varios factores. Un jugador con talento en los cinco aspectos que conforman el béisbol: bateo de contacto, bateo de poder, velocidad, defensiva y buen brazo. A esto se le suma una sexta herramienta que es la fortaleza mental con ingredientes perfectos como los valores familiares, la disciplina, la sencillez y el amor por el juego.

La única preocupación de Carlos es hacer contacto con la bola. El producto de ese choque generará los beneficios necesarios. Mientras ese choque constante exista y el estímulo del talento natural y adquirido se mantenga, el límite para este chico es impredecible.

Casos como él abundan en el mundo del deporte, sólo necesitan llegar a un lugar donde haya espacio para desarrollar sus habilidades y permiso para hacerlo. El equipo de los Rockies de Colorado, con sede en la ciudad de Denver, fue ese lugar. El mánager Jim Tracy fue quien le dio ese permiso.

A escasas horas para el final de la temporada 2010 González se encontraba en el dugout de los Rockies esperando que se hiciera oficial su hazaña. El dolor en su mano derecha ya era insoportable para jugar producto de una tendinitis. Tras 636 apariciones al plato, sin contar las interminables horas de práctica de bateo y más de un mes de preparación previa a la temporada, Tracy, el mismo que le dio luz verde, le puso punto final a su temporada. El descanso ya era obligatorio.

Ahora había tiempo para meditar, para reconocer y darse cuenta en lo que estaba inmerso. Ya regresaban a su memoria los grandes momentos de un año muy difícil de repetir. Rememoraba su partida de Maracaibo, sus sesiones de entrenamientos, los consejos que Don Baylor, su coach de bateo le dió, esas mismas técnicas que recibió en su momento Andrés Galarraga cuando también ganó la corona ofensiva.

Recordaba con agrado ese 31 de julio cuando hizo realidad su cuento de hadas al completar la escalera con un cuadrangular para la victoria de su equipo y con la presencia de sus padres en las tribunas, quienes reventaron en llanto ante un abarrotado aforo de "extraños" delirando por su hijo. Una hazaña casi imposible de repetir.

Asumía como suyo el juego sin hits ni carreras de su amigo Ubaldo Jiménez, un trabajo de equipo en un grupo de trabajo donde se impone la armonía.

Sonreía por aquellas charlas con sus compañeros en los viajes, las bromas con "Tulo" y Ubaldo, el respeto hacia Helton, la reverencia hacia Tracy, la confianza con Jonathan y Jhoulys, la figura de Rafa y la suerte que su "amuleto", su franela de Homero Simpson, le ha traído.

Añoraba el calor de Maracaibo, su gente, el parque de pelota, el color naranja y el sabor de la comida casera.
Y estaba en paz consigo mismo. Alcanzó el título de bateo. Algo que nadie, nunca le podrá arrancar.

"Esto es algo que siempre había soñado y que gracias a Dios se me está cumpliendo. Espero que los logros de esta temporada sean apenas el comienzo de una buena carrera." afirma un Carlos González relajado desde su hotel en St. Louis a los pies del gran arco que engalana la llamada “puerta al medio-oeste”.

Este camino comenzó con su llegada a los Rockies. Cuando debutó en las mayores con los Atléticos de Oakland en el 2008 dejó promedio de .242 en 85 juegos, en una actuación decepcionante sobre todo por mostrar debilidad ante lanzadores zurdos, lo que aprovecharon sus rivales. Fue bajado a las menores y las esperanzas del club de la bahía para él nunca fueron las mismas. Para el mes de noviembre de ese año, fue enviado a Colorado junto con los lanzadores Greg Smith y Huston Street por el jardinero estrella Matt Holliday.

Pero González tenía una etiqueta de arrogancia en su ficha. Quizás un exceso de confianza en sus condiciones a veces parte del proceso de madurez personal y profesional en un mundo tan competitivo como el béisbol. Tras los entrenamientos primaverales del 2009 fue enviado de nuevo a las menores. En triple A participó en 48 juegos dejando promedio de .339 con 10 jonrones, números que lo llevaron al equipo grande donde había un nuevo nombre al mando.

Jim Tracy había sustituido como mánager de los Rockies a Clint Hurdle y se proponía a cambiar el ambiente. González fue llamado a las mayores el 5 de junio y su habilidad de poder jugar cualquier posición de los jardines llamó la atención del nuevo dirigente, quien le dio la oportunidad de jugar a diario.

En su primer mes terminó con promedio de .210. Pero Tracy sabía que el chico podía dar más, que necesitaba tiempo, que había que sacrificar algunos turnos importantes para darle adaptación, al mismo tiempo que tomaba el riesgo con un equipo con oportunidad para pelear su pase a la postemporada.

"El Relámpago" tronó en agosto bateando para .371 con 6 HR y 13 remolcadas. El experimento funcionaba. La mentalidad estaba cambiando. "Car-Go" estaba naciendo.

"Uno aprende de los errores en el camino" analiza Carlos. "Cuando llegué aquí tuve la confianza de este equipo para jugar y eso te da el espacio para hacer ajustes para que las cosas comiencen a salir bien. Después de un tiempo te adaptas a las exigencias que se te presentan en el terreno porque vas conociendo mejor cómo es el juego y cómo son tus contrincantes".

Colorado alcanzó la postemporada 2009 como el mejor segundo lugar del viejo circuito. La celebración era el preámbulo de lo que se venía. Un soberbio pitcheo de los Phillies acabó con las esperanzas moradas en 4 juegos en la primera ronda, sin embargo no pudieron controlar la vista de González quien pegó 10 hits en 17 turnos, con un jonrón, una remolcada, dos bases robadas, anotó cinco carreras y dejó promedio de .588 empatando el récord de la franquicia de más hits en una serie de playoff.

Carlos entiende lo valioso que fue aprovechar la oportunidad que le brindó Colorado y así poder aplicar esos consejos de allegados y técnicos, donde convergían un convencimiento de su talento y potencial: "Una de las dificultades de todo pelotero joven es ganarse la confianza. Uno necesita la oportunidad de aprender de sus errores, hay equipos que esperan que uno salga de una vez a hacer todo bien, pero también tenemos que aprender de nuestros errores para ir corrigiendo" señala.

El año del "Relámpago"

Con la mente enfocada en el béisbol, en un lineup blindado, con estrategia y astucia técnica, todo pareció indicar en 2010 que sólo había que divertirse en el terreno. El zuliano confiesa que no todo es fácil, a pesar de que su talento así lo hace lucir.

"Tuve que mantener a lo largo de la campaña la consistencia en los números y una buena actuación. Tuve que estar muy enfocado y trabajar arduamente para obtener estos resultados. No pensaba realmente en los premios, simplemente en hacer el trabajo cada vez que salía al terreno".

La campaña fue de altibajos para Carlos. Comenzó bateando para .350 en abril. Su debilidad contra lanzadores zurdos comenzaba a mejorar. Aquel promedio por debajo de .200 puntos del 2008 en Oakland poco a poco se iba borrando, promediando sobre .300 ante los de su misma mano.

En mayo y junio su bateo comenzó a descender pero destacó su poder con 9 jonrones. Sus números lo daban como candidato al Juego de Estrellas pero la invitación a Anaheim nunca llegó por parte de los fanáticos. Al deseo de codearse con la crema y nata de las mayores hubo que darle una pausa por un sistema de votos que también se basa en la popularidad nacional, aspecto donde su joven organización aún tiene camino por recorrer.

Esto fue un estímulo para González. Finalizó la primera mitad de la campaña con promedio de .314 y bateando .382 en julio con 9 jonrones y 22 remolcadas. La atención nacional se centró en el joven número 5 de los Rockies. Aquel zurdo que Oakland había soltado por Matt Holliday, quien tampoco caló en la costa oeste y fue transferido posteriormente a St. Louis.

Para Agosto, González y Troy Tulowitzki se montaban a las montañas rocosas en sus espaldas con miras a la clasificación. Mantuvo un sólido promedio de .344 con 8 vuelacercas y 23 remolcadas.

En una temporada de 6 meses surgen dificultades constantemente. En su caso, un traumatismo en la mano derecha por continua actividad hizo que durante el mes de septiembre el enfoque mental fuera más fuerte con el fin de superar la molestia física. Por eso más que una dificultad, González lo consideró un reto. Inyecciones de cortisona ayudaban a aliviar la molestia física.

"Yo creo que es muy difícil mantenerse constante más si uno escucha constantemente por la prensa, por tus compañeros y amigos sobre esa lucha por conseguir un título de bateo, la consideración para el más valioso, o hasta una triple corona. Te digo que no es nada fácil hacerlo con una tendinitis, pero siempre he estado concentrado en hacer buenos números y enfatizo que esa fue la clave de esta temporada, estar enfocado mentalmente en hacer un buen trabajo día a día."

Los primeros 25 días de septiembre González bateó para .425. Fue el mejor jugador latino de la Liga Nacional según ESPN durante las tres primeras semanas. Pero su condición física mermaba. En sus últimos 5 juegos de la temporada bateó para .182, bajando su promedio de .os .340 puntos, pero con suficiente ventaja para quedarse con el título de bateo, en hits y bases totales alcanzadas en la Liga Nacional.

La caída en los últimos días por las molestias en la mano hicieron que su porcentaje de slugging, que mide el poder de un jugador por la acumulación de bases sobre los turnos legales, descendiera a .604. En julio y agosto su promedio en este departamento fue de .735 y .774. El último jugador que logró amasar slugging superior a .700 en tres meses consecutivos fue Barry Bonds en 2004. Previo a Bonds, fue Mark McGwire en 1996.

Antes o después de ellos en la historia del béisbol…¡Nadie! Carlos mantuvo ese ritmo hasta el día 17, faltándole doce juegos para el final de la campaña. Si la perspectiva del lector es conservadora y cree que los números de Bonds y McGwire están manchados, entonces el mejor ritmo de bases alcanzadas en la historia le pertenece realmente al “Águila rocosa”.

Su promedio terminó en .336, 34 jonrones y 117 remolcadas, 111 anotadas, 197 hits y 351 bases totales ubicado entre los mejores en casi todos los departamentos ofensivos de la Liga Nacional. Además de porcentaje en base de .376, slugging de .598 y 26 bases robadas.

A la defensiva es firme candidato al Guante de Oro como jardinero, al cubrir las tres posiciones de acuerdo a la necesidad del equipo, lo que incrementa su consideración al premio al Más Valioso. 63 juegos como jardinero izquierdo, 58 en el central y 40 en el derecho. Sólo 1 error en total (en el izquierdo), 8 asistencias, 259 outs y promedio defensivo de .996.

Su mayor estímulo sería el ganar el premio Luis Aparicio, galardón que reconoce el mérito del mejor pelotero venezolano en la temporada y que se entrega el 18 de noviembre en Maracaibo. Ante su gente, de manos del ídolo de ídolos Luis Aparicio Montiel. Nada sería más grande para el muchacho del Liceo Udón Pérez.

Pero en cuanto al premio al Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, sabe que la competencia es dura por el criterio de selección de los periodistas votantes. “Cualquiera de los tres que gane me parece que se lo merece” dice mientras se coloca a la altura de Joey Votto y Albert Pujols. “Los tres tenemos los números y las condiciones para ser MVP”, acota como “echo el pendejo”.

“Es bueno estar cerca de grandes jugadores y de gente que te estimula y de quien uno aprende. Albert Pujols me dio muy buenos consejos. Es un señor que ha jugado Series Mundiales y tiene mucha experiencia y todo lo que salga de él es un aprendizaje. Eso de verdad que lo ayuda a uno”.

González, como todos los jugadores en Colorado, tienen como crítica una cierta ventaja por el liviano aire de la altura del montañas rocosas. Fuera de casa sólo ligó para ,289 con 8 vuelacercas. Si es éste el caso, pues los Rockies deberían liderar las mayores en jonrones en teoría. En la realidad terminaron 4tos., en un departamento que Cincinnati fue el mejor.

Carlos piensa que aún hay espacio para mejorar y esa mentalidad debe prevalecer “Yo siempre digo que todos los años hay que superarse, siempre hay algo que mejorar, por ejemplo para el año que viene tengo que mejorar mi relación de boletos, espero ser más selectivo en la caja de bateo para alcanzar más bases”.

Para la votación del premio al más valioso se considera un factor de peso que el equipo del candidato haya clasificado a la postemporada, y que su actuación haya sido clave para esa actuación. González ligó para .338, 24 jonrones y 76 traídas al plato en 75 victorias de los Rockies en la campaña. Votto, acumuló .338, 25 y 80 en 82 victorias de Cincinnati. En la consideración estará el aporte de Tulowitzki y Helton, Ian Stewart, entre otros. Por el lado de Cincinnati parece haber mayor contrapeso para Votto con mejores actuaciones de sus compañeros. Pero al final el club rojo fue quien ganó la división central y eso, para muchos, tiene mucho peso.

“En Colorado tenemos buenos peloteros, mucho talento joven y hemos aprendido a ganar juntos. Si esta organización nos deja jugar juntos en un futuro vamos a llegar muy lejos”. Y es que la premisa que plantea el zuliano no es descabellada con un equipo de jóvenes que lidera el veterano Todd Helton quien suma más de dos mil hits en 14 temporadas con la organización o el campo corto Tulowitzki, que impone su juego de defensa, poder y contacto.

“Aquí no soy sólo yo…Helton y Tulo mantienen al equipo unido y en armonía” afirma con humildad el aún “novato”.

¿El eje Maracaibo-Denver?

El maestro Luis Verde decía que había un eje Maracaibo-Cooperstown. Que por eso que llaman el “Sincro-Destino” Luis Jr. Alcanzó su sitial en el Salón de la Fama. Hoy el maestro ya no está físicamente con nosotros, pero bien debe saber de ese nuevo eje en el béisbol que nos lleva a las montañas rocosas.

Los Rockies del 2010 también quedarán registrado en la historia de la pelota del Zulia como el equipo de Grandes Ligas con más peloteros zulianos en su róster, cuatro, y venezolanos en total con siete. CarGo pudo escuchar gaita al lado de Jhoulys Chacín, Jonathan Herrera y Juan Rincón. A su vez todos comieron arepas junto a Melvin Mora, Rafael Betancourt y Edgmer Escalona.

“La ayuda de los muchachos es fundamental”. Señala. “Nosotros venimos del mismo lugar, nos entendemos muy bien y cuando estamos juntos nos sentimos màs tranquilos y relajados.” Para todo pelotero de Grandes Ligas, un compatriota es como un voto de confianza, un soporte en el equipo donde se es minoría en un país culturalmente distinto.

“Para los zulianos, es aún más especial. Es como trabajar con un hermano, con sus similitudes y diferencias, pero con la tierra cerca de uno” me dijo en alguna ocasión Ángel Bravo quien llegó a los Chicago White Sox en 1969 con un Luis Aparicio como líder del club, convirtiéndose en los primeros zulianos en jugar juntos en las mayores.

Pero todos en el club de Colorado comparten el logro de González y esperan que ese relámpago ofensivo regrese a partir del próximo mes de abril a un club cuyas expectativas aumentan con la madurez de sus integrantes, especialmente la de su flamante campeón de bateo, el zuliano Carlos González.

Reportaje especial para el suplemento especial "El Relámpago" del Diario Versión Final en Maracaibo, Venezuela.  6 de Octubre 2010.

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