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domingo, 10 de octubre de 2010

La magia del “Doc”

Roy Halladay celebra con su receptor Carlos Ruiz tras conseguir su segundo juego sin hits ni carreras en 2010 en su primera experiencia en postemporada.

Arrancaban los play offs de las Grandes Ligas 2010 con una triple cartelera de pelota durante todo el día que comenzó con el regreso a esta etapa de los Texas Rangers ante los Tampa Bay Rays, los Rojos de Cincinnati visitando a los Phillies y más tarde los Yankees inaugurando el Target Field de Minnesota en la etapa más caliente.

Pero ese miércoles 6 de octubre los dioses de este juego centraron su mirada en el Citizens Bank Park de Philadelphia. Estaba escrito, pero era difícil de creer. Todo estaba listo para la primera actuación en postemporada de uno de los mejores lanzadores de esta generación.

Roy “Doc” Halladay había llegado a Philadelphia buscando un lugar donde poder competir tras años de servicios con los Toronto Blue Jays. El pasado 16 de diciembre el Gerente General de los Phillies, Rubén Amaro Jr. anunciaba el cambio de su mejor prospecto Kyle Drabek junto con Travis D’Arnaud y Michael Taylor por el estelar lanzador derecho. En Toronto sus días estaban contados por no poder ofrecerle un contrato acorde e incentivos de competitividad, de tal forma que los Blue Jays sólo querían obtener talento a cambio de la salida de su “jugador franquicia”.

Made in America

Harry Leroy Halladay III es producto de la formación minuciosa de un chico con talento para lanzar. Su padre era piloto comercial y su madre una ama de casa. Desde muy pequeño mostró talento y amor por el juego que su padre practicó también desde pequeño, pero que sólo llegó a integrar equipos de su secundaria.

Cuando estaba en 5to. Grado de la escuela primaria, su padre le construyó en el sótano de su hogar en Denver, Colorado, una gigante jaula de bateo con un caucho guindando del techo y una máquina de bateo. Desde su niñez hasta su adolescencia, el pequeño Harry pasó todas sus noches bateando decenas de pelotas y lanzando apuntando al hueco de la rueda, en aquellos días cuando mientras su padre permanecía fuera de casa volando.

Pero en sus tiempos juntos consumían su tiempo jugando juntos en el patio de su casa. Fue donde descubrió que su hijo tenía el talento para pensar en el béisbol como su futuro. A sus 10 años de edad, el scout Bus Campbell de los Blue Jays hizo unas pruebas cerca de su hogar a las cuales acudió el chiquitín. Sin embago Campbell le dijo al Roy Sr. que podría trabajar con el chico en algunos años y que sólo mantuviese su constancia.

Campbell terminó siendo el mánager de Halladay en su equipo de la secundaria Arvada y este le enseñó su mecánica, sus secretos y toda su experiencia del juego. Aquel viejo buscatalento trabajó con el chico hasta que los Blue Jays lo seleccionaron como primero en el draft de 1995 con un bono de $895 mil dólares.

Su paso por las menores fue rápido. Tal y como ocurre en la actualidad con muchos de las primeras firmas del draft, los equipos de Grandes Ligas entienden que están “listos” para las mayores. En sólo dos temporadas ya había alcanzado la triple A.

Es bueno recordar que para el invierno de 1997, los Blue Jays enviaron a su principal prospecto a Venezuela para que se bañara de pelota caribe con los Cardenales de Lara. Halladay, bajo el mando de Omar Malavé fue el puntal de la rotación emplumada en la recta final dejando marca de 1-1 y efectividad de 1.64 en 5 partidos. Pasaron a la semifinal donde lanzó 4 partidos ganando 2 y perdiendo 1 con efectividad de 3.12 y se midió en la final ante el Caracas donde lanzó 2 partidos, incluyendo el final, con efectividad de 3.60 en 10 entradas.

1998 fue su primer año en la antesala a las mayores y en 21 juegos dejó marca de 9 -5 con 3.79 de efectividad. Los Blue Jays decidieron ascender a las mayores en aquel septiembre. En su debut en el SkyDome de Toronto, brilló por primera vez al casi lanzar sin hits ante los Tigres de Detroit, permitiendo sólo un hit en la novena entrada que fue un cuadrangular solitario. Así se apuntó su primera victoria, y su primer juego completo. Era una muestra de lo que traía.

Desde 1999 Halladay formó parte de la rotación de los Blue Jays, pero su mecánica y concentración se desmoronaron en el 2000 cuando en 19 juegos dejó marca de 4-7 y efectividad de 10.64. Fue movido al bullpen y bajado a las menores. Había perdido ese ritmo de trabajo y esa concentración hasta el punto que arrancó la temporada 2001 con el equipo Dunedin en Clase A donde fue a trabajar junto a Mel Queen, instructor especial de pitcheo de los Azulejos.

Queen es otro viejo zorro del béisbol con una vista clínica que diagnosticó inmediatamente el problema de Halladay, cuya mecánica estaba dispersa. Halladay hizo los ajustes, bajó el ángulo de su brazo, aceleró su envío, cambió el agarre de su recta y sinker. Su velocidad aumentó así como el movimiento de su recta, le dio mayor flexibilidad e incomodidad para los bateadores por su nuevo ángulo el cual era bastante recto a juicio de Queen.

“Si puedo lanzar strikes con una recta que se mueve, creo que puedo ponchar a unos cuantos bateadores. Es básicamente lo que hago” dijo en una entrevista en ese entonces cuando regresó en el 2001 al montículo canadiense donde mejoró su registro a 5-3 y su ERA a 3.16 en 17 juegos.

Pero su mayor cambio quizás fue la concentración y la ética. Halladay se convirtió en otro lanzador, el que todos sus colegas quieren emular.

Desde ese entonces Halladay se convirtió en uno de los mejores lanzadores del béisbol. Su preparación, dominio, carácter y respeto se elevaron. Entre 2002 y 2009 ganó 130 juegos y perdió 59 con efectividad de 3.13 y 1,260 ponches. Ganó el Cy Young de la Liga Americana en el 2003 con 22 victorias, ganó 20 juegos en 2008 y asistió a 6 juegos de estrellas. Recuerden…con los Blue Jays.

6 de octubre

La expectativa en Philadelphia de ver lanzar a Halladay en su primera postemporada era el plato del día. Aún estaba fresco en la memoria de todos el juego perfecto que lanzó el 29 de mayo ante los Marlins. Aún todos los camiones de televisión tenían listo el video para recapitular su hazaña y su posterior reconocimiento ante los fanáticos locales, para quienes ganó 21 juegos esta temporada con efectividad de 2.44, 9 juegos completos, 4 blanqueos y 219 ponches.

Aún felicitaban a Rubén Amaro Jr. por su movimiento tras haber sido criticado por dejar ir a Cliff Lee, quien fue su “caballo” en la temporada 2009, y cuyas características son similares a las de Halladay. Amaro estaba en lo cierto. “Este tipo es tan bueno, que me hace llorar” dijo Amaro Jr. antes del partido. “Ya nos olvidamos de Cliff Lee”.

Hasta David Beckham estaba presente en el juego, quien asistió como espectador mientras estaba de visita junto al Galaxy de Los Angeles para jugar ante el Philadelphia Union de la MLS.

Y así comenzó la magia del “Doc”. La combinación de rectas, curvas de nudillos, cambios, slider y rectas cortadas que parecen curvas, o curvas que parecen cambios. El estudio detallado de cada uno de sus contrarios comenzaba nuevamente a dar dividendos.

Rodado, elevado, rodado, ponche, rodado, rodado, elevado, rodado, elevado, ponche, ponche, rodado, ponche, ponche, rodado. Así dominaba a los Rojos en su debut en el playoff 2010.

Los outs se consumían uno a uno y el silencio de la superstición dominaba el ambiente. En la 5ta. entrada el jardinero Jay Bruce fue paciente con el tratamiento de su zona de strike y en cuenta de 2 bolas y 2 strikes decidió esperar, así se embasó por base por bolas.

Ante la estrategia de sus contrarios, decidió venir por el plato y el resultado es el acostumbrado: rodado tras rodado, tras rodado. La caída de sus rectas y cambios obligan a batear por el piso dejándole el trabajo a la defensiva central de los Phillies en Jimmy Rollins y Chase Utley, un verdadero seguro de vida.

En el 7ma. Entrada del partido era evidente que el juego sin hits se consumaría. No había vuelta atrás. Los bates de los Rojos lucían como niños de Pequeñas Ligas ante un Salón de la Fama. La presencia en el montículo de Halladay, su concentración y electricidad en el ambiente estaban dadas para hacer este uno de los mejores juegos en la historia del béisbol.

Y así llegó la 9na. Entrada. El venezolano Ramón Hernández soltó un elevado para el primer out. Luego, el lanzador Bill Bray fue sustituído por Miguel Cairo como emergente y la tensión no era normal. Cairo lo conocía, sabía sus puntos débiles y era el hombre que podía romper la magia. Pero como no habían debilidades ese 6 de octubre, fue dominado con un elevado al tercera base. Finalmente Brandon Phillips pellizcó la bola frente al plato, batazo que tomó el receptor Carlos Ruiz y en una gran jugada defensiva completó la hazaña.

“Fue tan impresionante este juego que yo ya en la 6ta. entrada sabía que Halladay lanzaría sin hits” me decía Guillermo Celis quien narró el partido para ESPN. “Algo me decía que hoy este tipo iba hacer algo así y eso no me había pasado nunca en un partido” resaltaba el periodista mexicano asombrado por el dominio de Halladay.

“Es surreal todo esto” dijo Halladay después del juego. “Había soñado con estar aquí, pero no tan grande como todo esto”. “Yo estaba en pánico” dijo el panameño Carlos Ruiz.

Después de algunas declaraciones de comstumbre, Halladay declinó conversar con CNN, NBC y CBS. Se disculpó con todos los grandes medios por no poder cumplir con sus compromisos. “Estamos en la postemporada y ya esto pasó. No olvidemos que el enfoque está en el equipo. Les agradezco consideración.” dijo.

Halladay había lanzado sólo el segundo juego sin hits ni carreras en la historia de la postemporada, después del juego perfecto de Don Larsen en 1956.

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