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domingo, 5 de septiembre de 2010

Aroldis Chapman: De Cayo Mambí a Cincinnati montado en un misil

Es humanamente imposible ver una recta de 104 millas de Aroldis Chapman si en algún instante se "pestaña". 

Desde la primera vez que escuché sobre un lanzador del equipo de Holguín en la Serie Nacional Cubana llamado Albertín Aroldis Chapman que con 18 años lanzaba sobre las 100 millas, era definitivamente algo que llamaba la atención.

Y no sólo a este periodista deportivo sino también al mundo del béisbol por completo, incluyendo a los 30 equipos de las Grandes Ligas.

Chapman, un chico alto, fuerte, hijo Juan Alberto Chapman entrenador de boxeo descendiente de inmigrantes jamaiquinos, debutó en la primera categoría de la pelota cubana con 17 años de edad en la temporada 2005-2006. Desde su llegada demostró su estampa en el béisbol la potencia de su recta.

El béisbol cubano sigue siendo una incertidumbre para muchos por su falta de profesionalismo. Y precisamente con el profesionalismo no sólo viene la remuneración para los jugadores y el comercio del deporte, sino la seriedad y dedicación que los jugadores le dan a sus carreras. Bien hecha están las comparaciones de la pelota cubana con el béisbol de los Estados Unidos de los años 40. Pues como todo en Cuba, también quedó congelado.

Pero el talento de Chapman no tiene época, así como el de mucho peloteros que la mayor de las Antillas sigue dando y que limitadamente encuentran un camino al profesionalismo en todos sus sentidos.

En Cuba, Chapman lanzó 4 temporadas. En 76 partidos lanzó 328 entradas con efectividad de 3.74 y marca de 24-19 y 7 salvados, además de 365 ponches y 203 bases por bolas.

Pero mientras más crecía el chico en tamaño y mientras su cuerpo se volvía más potente la velocidad de su recta aumentaba. Los problemas de su mecánica y la profundización de su repertorio, al menos a corto plazo, eran aspectos que no podían resolverse en Cuba.

Y como cualquier persona que tenga el talento de lanzar una pelota a 100 millas, debería probar afinarla para jugar béisbol de Grandes Ligas.

El ansiado escape

Chapman intentó salir de Cuba por primera vez en marzo del 2008. Las autoridades cubanas lo llevaron a comparecer ante el mismísimo Raúl Castro. Tras el encuentro fue suspendido del torneo cubano, pero quizás por el fanatismo de Fidel y Raúl con su club preferido, eventualmente permitieron a Chapman volver para reforzar al equipo y además reintegrarlo a la Selección Nacional para el Clásico Mundial de Béisbol 2009. El morbo de tener un brazo de 100 millas y no utilizarlo parece que pudo más.

Esta vitrina le cayó a Chapman como anillo al dedo. Aunque en el torneo lanzó 6 entradas donde fue castigado y otorgo 4 boletos para efectividad de 5.68, los equipos vieron en él un diamante en bruto. Con un programa de ajustes y una "modernización" de su técnica, sería suficiente para poder crear una potente máquina.

Tras el torneo, era bien sabido que en el planeta existían dos lanzadores con potencial de Grandes Ligas que no estaban bajo el manto de Major League Baseball en Chapman y el japonés Yu Darvish, quien también recibió ofertas para los Estados Unidos pero que ha preferido quedarse en Japón donde no le falta ni el dinero, ni la atención, ni el desarrollo de las ligas mayores.

Chapman no se quedó esperando "lo que pudo ser", así como lo hicieron en su época los Omar Linares, los Antonio Pacheco, los Germán Meza, los Orestes Kindelán, etc.

En Chapman no había esa lealtad a la revolución que dio todo, pero que ese todo era nada. El chico debía probarse a sí mismo que podía depender de él mismo y no del paternalismo socialista.

El 1 de julio del 2009 estando hospedado junto a la selección cubana en un hotel en Rotterdam, Holanda, para el torneo World Port, el zurdo bajó al lobby y se dio cuenta que ese momento preciso los agentes de seguridad que viajaron con el equipo no estaban alrededor y además él tenía su pasaporte en su poder. Así que salió por la puerta principal, se montó en el carro de un amigo y listo. No hubo vuelta a atrás.

En Cuba dejó atrás a su novia, con quien tiene un bebé, a sus padres, sus hermanas, al resto de su familia y a esa vida que hoy se llena de incertidumbre por el reencuentro.

Después de meses procesando su residencia legal y entrenando entre Barcelona y el Principado de Andorra, Chapman llegó a los Estados Unidos para mostrarse ante los equipos y subastar sus servicios. El pacto para las Grandes Ligas finalmente fue con los Cincinnati Reds el 10 de enero de 2010 por $30,25 millones por 6 años.

El ascenso a las mayores

El "Misil de Cayo Mambí" participó en los Entrenamientos Primaverales pero no hizo el equipo. Los reportes de scouts resaltan el gran potencial del chico pero la necesidad de trabajar en su mecánica. Además de su adaptación al sistema norteamericano, la cultura dentro y fuera del terreno, el idioma y la jerga del equipo.

La asignación a los Louisville Bats, triple A, fue para trabajar con el coach de pitcheo y ex-lanzador de los Rojos Ted Power. Su enfoque fue en la consistencia y comodidad de su movimiento en el montículo. Chapman trabajó también en su defensiva, en cubrir la inicial, en las situaciones del juego, en la administración de su repertorio y en la disciplina y administración de su tiempo.

Chapman contó durante la temporada con el apoyo de su compañero de cuarto el prospecto dominicano Juan Francisco, del receptor dominicano Wilkin Castillo y de su compatriota el inicialista Yonder Alonso. Además el equipo le asignó al trainer Tomás Vera como su intérprete.

La temporada en triple A tuvo altos y bajos. Lanzó 95 entradas y ponchó a 125 en 39 juegos dejó marca de 9 y 6, efectividad de 3.57. Su recta llegó a marcar 105 millas por hora. Fue utilizado como abridor, relevista y cerrador. Cincinnati no ha tenido inconvenientes en dejar soltar el brazo del joven, confían en su fortaleza y habilidad sobrenatural de lanzar sobre las 100 millas.

Los reportes de Ted Power son muy satisfactorios en cuanto al progreso del chico y que esos detalles mostrados en el Clásico Mundial en su manera de lanzar se han ido. Se nota el trabajo hecho en estos meses y la diferencia es abismal entre el lanzador de marzo y de septiembre en cuanto a su consistencia, fortaleza, confianza y presencia.

Hoy Chapman es una máquina supersónica como pocas veces se ha visto en este deporte. Muchos critican lo que podría resultar de un "sobre-esfuerzo", pero en su condición sus lanzamientos parecen de lo más natural.

El 31 de agosto finalmente fue ascendido al club grande debutando con un strike de 98 millas ante los Milwaukee Brewers, ante un parque delirando por el novato cubano que se convertía en el representante 164 de su país en las mayores. Ese día retiró los tres bateadores que enfrentó. Su recta alcanzó las 102 millas.

El miércoles nuevamente entró al relevo y con su actuación se llevó la victoria. 11 lanzamientos, 7 rectas, todas sobre las 99 y sólo dos por debajo de las 104. Tres bateadores, tres fuera.

Al otro día aplicó para cambiar la placa de su Lamborghini amarillo a "105 MPH" y pasó por un autoservicio en McDonald's para comprar unas papas fritas.

Chapman se está divirtiendo en las mayores, el mánager Dusty Baker también al contar con un arma secreta en su bullpen y los fanáticos en Cincinnati deliran mientras se aproximan a su primera postemporada desde 1995.

La compañía de bates Louisville Slugger calculó que la recta de 104 millas de Chapman tarda 0,36 segundos en llegar al plato. El ojo humano en promedio pestañea en una velocidad entre 3 y 4 décimas de segundo. De tal forma que si un bateador pestañea en el mero punto del envío de Chapman, la bola ya habrá pasado antes que los ojos se abran de nuevo.

Obviamente los bateadores en el béisbol viven de "hacer ajustes", y si el ajuste ante Chapman será no pestañear, pues eso harán.

Pero hoy al menos el camino del "Cohete de Cuba" ha llegado a un tope y a diferencia de otros de sus compatriotas en el pasado este chico parece que "se divierte" sin esas presiones de lo que quedó atrás y con la confianza de que los suyos eventualmente estarán presentes.

Aroldis Chapman no es Stephen Strasburg, ni Cincinnati los Washington Nationals (si entienden a lo que me refiero). Ambas partes son más inteligentes y eventualmente llegará el momento de regular la velocidad para evitar un choque. Pero mientras ese Lamborghini sea el único carro en la vía, no hay nada que lo frene.

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