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domingo, 17 de enero de 2010

Malas influencias…¡Aléjense!

El carácter aguerrido en el terreno de Eduardo Pérez, de la escuela de Bobby Cox, no fue del agrado de la directiva de Águilas del Zulia quienes buscaron la excusa del descontento de la fanaticada como motivo de su despido.

Tras la eliminación de las Águilas del Zulia, hoy me dirijo a los fanáticos para tocarles la santidad de su derecho por opinar, debatir, discutir, criticar y sentir suya la divisa.

La Junta Directiva determinó la salida de Eduardo Pérez como dirigente por “preservar su integridad física ante las constantes quejas públicas”.

La salida del ex-receptor fue el chivo expiatorio de las deficiencias de un plantel con problemas de lesiones, pitcheo y defensa durante la temporada, sobredependencia de los importados en su róster, inexperiencia, y falta de profundidad entre sus lanzadores criollos.

El club puede tener el MVP, pero así no se gana ni con Eduardo Pérez, ni con Joe Torre, ni con Mandrake El Mago.

Y la eterna inconformidad de la fanaticada volvió a ser la excusa de un despido. A Eduardo le tocó pagar los platos rotos por aquellos a quienes nada les gusta y con nada se conforman.

Siempre digo que en Venezuela no hay lugar más sabroso para ver pelota que el estadio Luis Aparicio gracias al ambiente que los fanáticos crean por la forma como se involucran en el juego. Realmente es una experiencia formidable.

En mi última visita al nido, se jugaba a casa llena con más de 20 mil personas en las tribunas. Cardenales de Lara tenía un corredor en primera con un out y las Águilas perdían por dos carreras. Había un ambiente de esperanza de que la escuadra naranja remontaría en el marcador, pero mientras tanto se buscaba preservar el juego cerrado. El bateador de turno conectó un rodado al lanzador y las 20 mil personas gritaron: ¡¡¡Tirá a segunda!!! La reacción del lanzador fue lanzar a segunda y al completarse la doble jugada el parque explotó de júbilo.

Los 20 mil coaches de tribuna cumplieron su cometido. Es algo que no se ve en ningún otro lugar.

Hay que reconocer que el hecho de que Águilas del Zulia tenga una fanaticada arraigada es un éxito rotundo por parte de la directiva del club y un logro que ha comandado Luis Rodolfo Machado en su era al frente del equipo con su afán de innovar, de crear y de adaptarse en la medida de lo posible a las exigencias de la pelota moderna. Eso lo aplaudo.

El Zulia es hoy uno de los mejores mercados de béisbol del planeta, gracias a la rica historia local del juego y a su principal equipo.

El punto que me incomoda es la presión y el estrés extralimitado que esta fanaticada le ha proyectado al alto mando del club hasta el punto de provocar temor. Aunque no son unos hooligans, la directiva llegó a pensar que por el simple hecho de que se cometa un error en el terreno, mental, el bullpen falle y eventualmente se pierdan un juego bajo la culpa del mánager, las consecuencias podrían ser lamentables.

Entiendo también que la presión no es sólo por la situación en el terreno, sino que ve magnificada en una sociedad descontenta con el gobierno, tensa ante una devaluación monetaria de un 100% y hasta con cortes eléctricos en sus vidas diarias.

Pero para llegar al punto de intimidar a la directiva hacia la integridad de Eduardo Pérez, ese si es el colmo.

Vientos en contra

Yo sinceramente no soporto a los fanáticos que nunca están de acuerdo con nada. Esos que piensan que la directiva no sirve, los jugadores tampoco, el mánager no sabe de pelota, el parque es el peor del mundo, la mascota ya no baila igual y el equipo no representa dignamente sus colores.

A esos les digo: ¡Pa’l carajo!

A esos que cuando el mánager es zuliano piden a gritos a un mánager venezolano porque piensan que no hay respeto en el clubhouse; cuando hay un mánager venezolano piden a un importado porque a este no le duele el equipo; y cuando hay un mánager importado piden a un zuliano porque el gringo no conoce la liga.

A esos que pitaron a Marc Bombard quedando campeón, esos que le lanzaron hielos a Lino Connell incluso bateando .300, esos que abuchearon a Wilson Álvarez en una mala salida, esos que nunca entendieron el carácter aguerrido de Géremi González, esos que opinan que Eduardo Pérez no supo manejar el pitcheo: ¡Pa’l carajo!

Estos que desconocen las situaciones reales dentro de un clubhouse, estos que no miran objetivamente las estadísticas, a estos que no entienden las tendencias modernas del juego de béisbol, a estos inconformes, hablapaja, ignorantes y altaneros: ¡Pa’l carajo!

Pero sin embargo mis queridos amigos, yo los defiendo, aún cuando hoy los critico, porque al fin y al cabo tienen su pleno derecho de hacer y decir lo que se les venga en gana porque para eso pagan un boleto. Simplemente…hay que calárselos.

Mala jugada

A quien no puedo defender hoy es a la junta directiva del equipo por dejarse influenciar negativamente. La serenidad y el respeto al profesionalismo de los jugadores y técnicos debe prevalecer, al igual que el criterio imparcial basado en los mejores intereses del equipo.

Es en este seno donde seriamente se produce el análisis del terreno. La alta esfera no es la tribuna lateral de primera donde se pueden gritar improperios, pitar al mánager, beber cerveza y dejar de ver el juego un rato para ver las peripecias de Agui.

Si en la directiva estaban preocupados por la integridad física de su mánager pues había que contratar diez guardaespaldas para su seguridad. No se puede usar esa excusa, ni tampoco la de una discusión con un jugador por un movimiento, ni criticarle públicamente una decisión cuando su trabajo es precisamente tomar decisiones.

En el béisbol todo mánager sabe que su tiempo siempre será limitado y nadie dura para siempre. Si la directiva tenía sus razones para prescindir de los servicios de Pérez está en su derecho pero debió hacerlo con respeto hacia él, los jugadores y el público, sobre todo en el final de la temporada. Nada costaba esperar cuatro días.

Un directivo del club me confesó: “Si, fue una decisión apresurada y nos dejamos llevar por el momento. No fue la mejor forma de decirle las cosas a Eduardo porque no tenemos nada en contra de él, en verdad no fue la manera más correcta.” Reconocen el error al menos.

Eduardo por su parte comprende las decisiones gerenciales, pero se siente criticado en su patio: “ Me duele que la fanaticada que me apoyó hoy me de la espalda. Si a mí no me quieren aquí pues me voy, pero a nadie le duele este equipo más que a mi” fue el mensaje conciso y tajante de quien finalizó cerca del premio al Mánager del Año en su debut en el rol en la LVBP.

Reconozco que el actual técnico de los Atlanta Braves dio lo mejor por el club. Es difícil complacer al mismo tiempo a una fanaticada tan exigente y a una directiva influenciable.

Tras una temporada más para el fascinante libro de historia, a Eduardo Pérez, el orgullo de Ciudad Ojeda, le tocó salir por la puerta de atrás pero con la conciencia tranquila. Su número 12 estará fuera de circulación por un tiempo, pero siempre tendrá un lugar en su corazón pues es difícil soltar un gran arraigo.

El béisbol es un océano de corrientes y mareas. No se sabe donde se va a estar en algún momento. Hoy Pérez se fue, pero podría regresar. Nadie lo sabe. Mientras tanto quedan en la orilla los fanáticos, los justos y los implacables; y la directiva del club, los influenciables y los determinados. Falta lograr balancear los pesos para ser exitosos como franquicia que es orgullo y patrimonio local.

1 comentario:

RICHARD FERNANDEZ dijo...

Ante todo recibe un fraternal saludo por que se que compartes con nosotros el arraigo por una divisa me refiere a los fanáticos de Águilas del Zulia, leí tus opiniones en Versión Final cuando leía me dio ira lo que estaba leyendo cuando termine pensé quien escribió esto y vi tu nombre, reflexione y dije es Leonte soy una persona que respeto tu trabajo y lo sigo me parece que es excelente, solo que no comparto lo de Eduardo un hombre que a estado toda su vida ligado al béisbol y no sepa cuando es hora de retirar un picher, cuando y en que situación se debe tocar la pelota y preparar jugadas que te ayuden como un simple bateo y corrido, discúlpame no lo acepto, se sentaba a esperar que las jugadas salieran sin tomar la iniciativas eso no es un secreto.

En cuanto a la fanaticada somos los mismo de toda la vida dos malos y noventa y ocho buenos me refiero a nuestro comportamiento si la gerencia toma decisiones es por que quiere y te voy a dar la respuesta a eso antes que Eduardo hay una persona mas despreciable a la vista de los fanáticos y no es otro que Luis Rodolfo Machado ese señor si debe haber recibido mas abucheos y comentarios mal sano de la fanaticada y por que no a vendido el equipo así que no nos compete a nosotros la responsabilidad de que Eduardo este fuera de Águilas y si me preguntas yo si prefiero que sea así no me alcanza el espacio para seguirte escribiendo de verdad es un tema bastante amplio para debatir gracias por el apoyo continua con tu gran aporte amigo.