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lunes, 30 de marzo de 2009

Béisbol moderno y sabroso

Ichiro conectó el hit de oro para darle la victoria a Japón en la final del Clásico Mundial de Béisbol 2009, que los ratifica como el mejor equipo del mundo.

El Clásico Mundial de Béisbol 2009 será recordado como el evento que le ratificó al mundo sobre la calidad del deporte del diamante fuera de los Estados Unidos.

Atrás, muy atrás, ya quedó la idea de que el mejor béisbol lo tiene el país que inventó y desarrolló el juego.

Y además hemos llegado al punto donde los mismos expertos norteamericanos han reconocido este punto y hasta bajaron la cabeza ante los asiáticos quienes demostraron su superioridad en el juego.

Pongámoslo de esta manera.

Si un equipo de Estados Unidos, con un C.C. Sabathia como abridor y los mejores exponentes nativos de Estados Unidos en las Grandes Ligas se miden ante sus similares asiáticos, en realidad, la balanza hoy en día se inclina hacia Japón o hasta Corea del Sur.

Japón ganó el Clásico con el mejor talento disponible, pues hubo jugadores que de igual forma prefirieron quedarse en sus entrenamientos con sus respectivos equipos locales.

Tuve la oportunidad de reflexionar un rato con Don Juan Marichal, Salón de la Fama 1983 y único dominicano en el templo de los inmortales sobre estas cosas, llegamos a la conclusión de que el mejor talento del juego ya no está en los Estados Unidos, y que los mejores jugadores no sólo pueden salir de cualquier lugar del mundo, pero también los mejores equipos.

Don Juan: Si tu te fijas, las Grandes Ligas sigue siendo el mejor circuito del mundo, pero sus mejores exponentes dejaron ya de ser los americanos.

Leonte: Pero Don Juan, ellos parece que juegan muy distinto a como nosotros hemos aprendido a jugar acá. Yo recuerdo una frase de la película Mr. Baseball con Tom Selleck, donde Hiroko, la relacionista pública de los Chunichi Dragons, le dice a Jack Elliot, el personaje principal, que los japoneses toman lo mejor alrededor del mundo, lo adaptan y lo perfeccionan, refiriendo como ejemplo la carne estilo kobe, que es su estilo de bisteck de Omaha. ¿Cree usted que de verdad ellos han desarrollado un juego distinto?

Don Juan: Para mi no es un secreto ver al punto que han llegado los lanzadores asiáticos, pues ellos tienen años perfeccionando sus estilos y experimentando sus propios lanzamientos a su manera. Me acuerdo cuando los Gigantes subieron al primer lanzador japonés en las Grandes Ligas en 1964 y yo compartí mucho con él, Masanori Murakami, ese era ya un fenómeno y le costó mucho adaptarse a las mayores porque su estilo era distinto. Ya para ese tiempo su preparación, su estilo era efectivo y diferente.

Leonte: Mi punto es que su visión y entendimiento de la realidad en el terreno es diferente. ¿Me entiende?

Don Juan: Totalmente de acuerdo. Fíjate que en las Grandes Ligas hay un esquema para lanzar y batear bien definido, y es así también como jugamos en el Caribe, claro sumándole nuestra chispa y audacia. Un lanzador asiático parece no tener un esquema, sino usar lo que le funcione. Puede tener un bateador en 1-1 y en vez de trabajarlo como acá y usar un slider, puede venir con un cambio contra el suelo o una recta alta. El buen bateador americano sabe lo que le viene y espera su pitcheo. Con los asiáticos es distinto porque no sabes con que te vienen. Sus formas de soltar la bola son distintas y crean una rotación diferente en la bola. Fíjate a Matsuzaka que tiene como 8 pitcheos y los usa cuando sea.

Leonte: Y que me dice de los bateadores y sus formas de hacer contacto. Fíjese que Ichiro en una ocasión conectó una línea sólida hacia su banda apoyado prácticamente en un solo pie. La base de estos equipos es el contacto sea como sea y no la contundencia del batazo…

Don Juan: Exactamente. Ellos llegan a hacer swing a lo que sea, y en América se enseña a ser paciente. Ellos desarrollan la vista y siguen los pitcheos quebrados. Mientras más contacto tengan, más chance tienen de conectar un hit, y así uno tras otro van moviendo corredores y produciendo carreras.

OTRA VISIÓN

Chang-Yong Lim, cerrador estelar de Corea del Sur

Japón y Corea del Sur llegaron al décimo inning empatados. Seiichi Uchikawa abrió la entrada con hit ante el cerrador de lujo de Corea del Sur y de los Yakult Swallows de la Liga Japonesa, Chan-Yong Lim. El mánager japonés Hara, jugó con el librito americano.

Atsunori Inaba ejecutó el toque de sacrificio y Uchikawa avanzó a segunda base. 1 out.

Akinori Iwamura conectó luego sencillo al jardín izquierdo y Uchikawa avanzó a tercera. Corredores en 1ra. y 3ra base.

Con corredores en las esquinas y un out, Japón trae al emergente Munenori Kawasaki. El mánager coreano In-Sik Kim ordena lanzarle a Kawasaki en vez de dar la base por bola para buscar el doble play y lanzarle a Ichiro. En el béisbol occidental, la regla dice llenar las bases y enfrentar al próximo bateador. Total, llenar las bases no representaba mayor problema en cuanto a más carreras en circulación.

Sin embargo, Lim domina a Kawasaki con un elevado al campo corto para el segundo out. Los corredores quedan en base.

Al aproximarse Ichiro Suzuki a la caja de bateo con corredores en base, la base por bola intencional está en la mente de todos. Cualquier lanzador del mundo preferiría lanzarle al campo corto Hiroyuki Nakajima, segundo en la alineación nipona detrás de Ichiro, que al líder en hits en una temporada en las Grandes Ligas.

Sin embargo Kim, envía las señas al plato de lanzarle incómodo a Ichiro, en vez de ordenar el boleto intencional. “Ese fue mi error. Si hubiese enviado la seña de boleto intencional no hubiésemos perdido” dijo Kim al final del juego.

La filosofía de juego es tan distinta que la preocupación del lanzador Lim, como la de Ichiro fue ver quien podía ganar la batalla final. Fue un capítulo de Ultramán contra Zetton, o Mazinger Z contra uno de los monstruos de miquenes.

“Sentí que podía lanzarle a Ichiro. No ví la última seña del catcher. Mi último lanzamiento fue un error” dijo Lim ante las dudas de los periodistas.

Lim podía tomar la iniciativa de lanzarle incómodo o de llenar las bases por su cuenta. La defensa de Corea ni siquiera estaba protegiendo al corredor Iwamura en primera base. Era un uno contra uno. Una batalla en medio de una guerra.

Iwamura en el medio del turno de Ichiro avanzó a segunda ante la indiferencia de la defensa y puso más cerca del plato otra carrera, pero al mismo tiempo dejaba libre la primera base y rompía la posibilidad del out forzado en segunda. Según la perspectiva americana, Lim tenía que darle la base y jugar al out forzado en cualquier base.

Pero el samurai venció al tigre. Ichiro conectó un imparable de oro que trajo dos carreras al plato y que fueron la diferencia para que Japón se coronara en el Clásico. En la parte baja de la décima la nueva sensación del pitcheo japonés Yu Darvish recibió de nuevo la bola por parte de Hara. Dio un boleto pero luego retiró los 3 outs. Japón ganaba su segundo título mundial.

Fue la mejor carta de Japón en el montículo y Hara tuvo la razón, después de ser criticado por usar su posible abridor ante Corea del Sur como cerrador en la semifinal y final. Estuvo en lo cierto.

“Ellos tratan de jugar así como suena, sin errores, perfecto. Su béisbol es lo más cercano a la perfección que existe” dijo el jardinero hawaiiano Shane Victorino, tras la derrota de Estados Unidos ante Japón.

“Nuestro estilo es distinto, hemos desarrollado unas habilidades mentales y físicas para maximizar lo que se puede hacer en un terreno de juego y eso marca la diferencia en el juego en conjunto que es lo que se ve en el terreno” declaró Sin Soo Choo, jardinero surcoreano que milita con los Cleveland Indians en las Grandes Ligas.

Los ojos del mundo están abiertos a ellos de ahora en adelante. Ya no son extraños en el juego. Ambos países son los mejores del mundo.

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