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viernes, 3 de octubre de 2008

Jerry, Kenny, yo y mi otro yo

Oswaldo Guillén con su singular personalidad condujo a los Chicago White Sox a su segunda postemporada desde que asumió las riendas del club en el 2004.

El pasado 15 de septiembre, Yankees y White Sox jugaban en el moribundo parque del Bronx. En las tribunas se encontraba Jerry Reinsdorf, dueño de los White Sox quien visitaba la casa que Ruth construyó por última vez; junto a él, como su invitado especial, estaba el mánager de los St. Louis Cardinals Tony La Russa.

¨¿Qué hace por estos lados Sr. LaRussa?¨ le preguntó un reportero.

¨Bueno, hoy tenemos (los Cardinals) el día libre y acepté la invitación de mi amigo Jerry para venir por última vez a este templo del béisbol y a pagar un último tributo a los días de gloria que tanto yo, como muchos en el béisbol, hemos compartido acᨠdijo LaRussa, quien fuera mánager de los White Sox desde 1979 hasta 1986. Su despido por parte del entonces Gerente General Ken Harrelson nunca gozó del agrado del dueño.

De hecho Harrelson ha dicho durante años, que la decisión del despido de LaRussa ¨le rompió el corazón a Reinsdorf¨.

Ver a estos dos personajes juntos nos hace pensar dos cosas:

A) ¡Qué bueno que mantienen una buena relación y que buena forma de despedirse de Yankee Stadium...junto con un viejo amigo del béisbol!

B) ¿Estará considerando Reinsdorf el despido de Oswaldo Guillén y su reemplazo por su ¨pana¨ La Russa, quien ha declarado en varias ocasiones su descontento con la gerencia de los Cardinals por su falta de agresividad?

En septiembre del 2007 Reinsdorf extendió el contrato de Guillén como su mánager hasta el 2012, como un espaldarazo de confianza al hombre que guió a su equipo al título de la Serie Mundial 2005. Pero no hay duda que si en algún momento la gerencia patiblanca llega a perder la paciencia y el criterio, en cuanto a la actitud de Guillén, LaRussa será el primer candidato para reemplazarlo.

Quizás el actual mánager de los Cardinals llegue a los White Sox antes de la salida de Guillén, no como dirigente, sino como presidente del equipo. Ante esta posibilidad, LaRussa fue cuestionado: ¿Qué sería lo primero que haría como presidente de los White Sox?, respondiendo en tono de broma dijo: ¨Despedir a Guillén¨.

Ante este panorama sarcástico, el tuyero responde con un silencio fuera de lo común.

¿Genio y figura hasta su sepultura?

Guillén llevó a los White Sox a una clasificación improbable a la postemporada en el 2007, después de que Detroit era el favorito absoluto para ganar la división central.

En este octubre cuenta con un equipo cuya fortaleza es el poder, y no esa especie de pelota caribe que hace tres años se conoció como ¨pelota pequeña¨, y que le resultó perfecta para ganarlo todo.

Pero los días antes del inicio del playoff se le notaba a Guillén notablemente estresado: ¨Prefiero terminar de último que de segundo, porque terminar segundo quiere decir que soy el primer perdedor¨ decía, mostrando su incontrolable ansia de ganar ante la inconsistencia de su equipo.

La prensa fue implacable en las semanas finales, sobre todo con sus decisiones en el manejo del bullpen y este les respondía: ¨Necesito ser un genio de nuevo, y acordarme como manejar mejor mi relevo...si me pagaran por sacar a mis lanzadores no necesitara mi sueldo¨. Estos comentarios confunden a la prensa de Chicago y generan preguntas: ¿Puede este hombre manejar el pitcheo de acuerdo a las necesidades? ¿Gana por suerte? ¿Es esto un circo?

Guillén nuevamente demostró con su clasificación, que puede motivar a un equipo con un estilo y carácter que ha cosechado desde muy joven.

Haciendo un poco de investigación, me topé con una entrevista que le hicieron en 1986, el año que los White Sox tuvieron 3 managers (LaRussa, Doug Rader y Jim Fregosi).

En ese momento le preguntaban su opinión sobre los cambios de dirigente, y con sólo 22 años respondió: ¨El mánager no batea ni fildea, pero es el hombre que motiva y mantiene la unión del equipo. Cuando se quiere un cambio botan al mánager porque no se puede botar a 25 jugadores. Es más fácil botar al mánager y esperar que una nueva filosofía funcione¨. Su opinión se mantiene 22 años después.

Muchos escritores y fanáticos en una ciudad tan inmersa en sus deportes profesionales como Chicago desean ver a Ozzie fuera de la cueva de los White Sox, pero la principal razón es el choque cultural, algo que ni siquiera ellos entienden.

¿Cómo querer despedir a un mánager ganador, sólo porque dice cosas que no me gustan? Es la gran duda.

Oswaldo vs. Ozzie

Oswaldo es una persona muy, pero muy distinta a Ozzie y eso lo debemos tener claro para entender la situación.

En Venezuela conocemos a Oswaldo, el tipo que ama nuestro país, sus costumbres, su arepita, la playa, el golf, se apasiona por sus Tiburones y es el Maradona de sus fanáticos, es echador de bromas, santero, simpatizante de Chávez, padre de 3 chamos, extrovertido, defensor a muerte de sus jugadores, comprende el juego y habla claro y raspao. O sea, un tipo común de esta parte del mundo, un venezolano de ¨pura cepa¨, con un toque extra de ¨picante¨.

Para la percepción pública norteamericana, Ozzie se ha vuelto un payaso que ha sido exitoso como estratega sin explicación. Su comportamiento no está a la altura pues trata de ser un ¨entertainer¨ o sea, un tipo que busca llamar la atención con su ¨show¨. Su lenguaje es grosero, ofende a sus jugadores en público, juega sucio, es malcriado, su acento parece el de Tony Montana de la película Scarface, es un idiota desmedido, un muchachito, y no tiene respeto por nada porque hasta piensa que el Wrigley Field, el parque de los consentidos Cubs del otro lado de la ciudad, es un ¨nido de ratas¨.

Para enteder que Ozzie y Oswaldo son una sóla persona y no es el ¨grosero idiota¨ que la prensa americana pretende hacer de él, se necesitan 4 requisitos:

· Ser venezolano.

· Entender inglés

· Comprender el entorno del béisbol en Chicago.

· Estar familiarizado con la cultura estadounidense.

Quizás ni Oswaldo ni Ozzie se entienden el uno al otro, pues viven en mundos distintos que no pueden ser mezclados porque se produce un choque de entendimiento, lo que los americanos llaman ¨lost in translation¨.

Por ejemplo, cuando Ozzie llamó al periodista de Chicago Jay Mariotti ¨Fag¨, quiso decirle ¨maricón¨, con la connotación que se le da en Venezuela. Pero la carga ofensiva de esta palabra en inglés es sumamente despectiva, involucrando un insulto mucho más que la falta de hombría, que era simplemente lo que Oswaldo quería decir.

La semana pasada Ozzie llamó a su abridor Javier Vázquez ¨a choker¨, queriendo decir que le es difícil concentrarse en momentos difíciles, pero los medios norteamericanos lo toman como si estuviese ofendiendo a su propio lanzador y se sorprenden por la falta de reacción de Vázquez. Oswaldo le habrá dicho en privado que le faltan ¨bolas para los momentos de presión¨ y este lo tomó como una frase motivacional en la manera positiva.

No podemos pretender pedir una cerveza en los Estados Unidos y decirle al bartender ¨Give it to me cold like a seal´s ass¨, o sea, ¨Dámela fría como culo é foca¨, porque nos mirarán como si fuésemos extraterrestres. Pensar que podemos hablar inglés como en español, es la idea más estúpida que a alguien se le puede ocurrir. Incluyendo a la dupla Oswaldo-Ozzie.

Hace un par de semanas el programa humorístico MAD TV de la cadena Fox hizo una parodia del comportamiento de Guillén en una rueda de prensa. Aunque debo reconocer que me reí como por media hora por sus ocurrencias, es una muestra de como el fanático americano común percibe a Ozzie: como un loco, grosero, payaso e incoherente. Bien vale la pena mirarlo, reír un poco y reflexionar. Mírenlo acá mismo:



Su puesto como mánager de los White Sox llegará hasta...

Que la dirigencia de los White Sox, bien sea el dueño Jerry Reinsdorf o el Gerente Keny Williams, comiencen a darle más importancia a Ozzie que a Oswaldo.

Nadie sabe si eso pasará tras esta postemporada o en el 2012. Lo único cierto es que los jugadores sienten un profundo respeto por Oswaldo Guillén, el hombre serio que con buen sentido del humor motiva a su equipo y los invita a divertirse en un terreno de pelota con su talento para ganar.

Guillén no es un genio. Nunca lo ha sido. Es sólo un tipo que como dirigente mantiene sus pies en la tierra y trata de conservar su personalidad, a pesar de las barreras culturales en un país que le ha dado trabajo y un segundo hogar para su familia, dentro del cual aún se siente como un extraño después de más de dos décadas.

Hoy de nuevo guía a su grupo de jugadores a la etapa más caliente del béisbol, demostrando que sabe lo que hace y es bueno en su trabajo.

Para los venezolanos, Oswaldo es motivo de orgullo porque demuestra un cariño recíproco para con su país que celebra sus logros en el terreno y lleva por el mundo nuestra aguerrida y sentimental personalidad.

Ozzie, por el otro lado, sigue siendo el mánager hablador que en cualquier momento podría perder su trabajo. Un total desconocido para los venezolanos, así como lo es Oswaldo para los americanos.

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