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martes, 5 de agosto de 2008

Que el tiempo juzgue

Y el día pasó...y trajo cambios inesperados.

Pocos apostaban a que los Red Sox podrían terminar de romper la magia en su clubhouse sacando a Manny Ramírez. Menos íbamos a pensar que Detroit tiraría la toalla esta temporada sacando a Iván Rodríguez (y menos por Kyle Farnsworth) y en el caso de Ken Griffey Jr. y su cambio a los White Sox ni siquiera se vio venir.

¿Qué pasó acá? se preguntan muchos. ¿Cómo Boston, Cincinnati y Detroit pueden salir de unos potenciales miembros del Salón de la Fama? Fácil, sin apasionamientos, y que el tiempo juzgue.

Yo creo que Boston se desesperó con Manny, Detroit se equivocó y en el caso de Cincinnati ya había un desgaste en la relación con Griffey.

Señores el béisbol es un negocio y si hay algo que no camina pues como se dice en criollo ¨Hay que mover la mata¨. Incluso cambiando a jugadores consagrados. Cada situación es distinta. Analizemos estos 3 trascendentales movimientos.


Manny sigue siendo Manny

El clubhouse de los Red Sox era una bomba de tiempo. No todas las relaciones son una eterna luna de miel. Los Red Sox ganaron dos Series Mundiales basados en una de las duplas ofensivas más peligrosas de la historia con Manny y el Big Papi. De hecho, su relación sigue siendo buena, pero los rumores en Fenway dicen que algunos jugadores no estaban del todo contentos con la actitud burlona de Manny hacia el juego. Este sentimiento era compartido por la gerencia del club.

Sin embargo, Ortiz entendía las razones de su compañero. ¨Todos sabíamos que iba a pasar y pasó, esto es un negocio y ahora vamos a ver que pasa aquí¨ dijo el Big Papi en un tono poco alegre.

Manny no estaba contento. En repetidas ocasiones le dejó saber a la gerencia que si ellos querían seguir contando con sus servicios debían firmar una extensión de su contrato pronto. Sin embargo el club hizo caso omiso sobre su petición. Boston es conocido por lo que los jugadores llaman ¨perder la confianza¨, recordemos, lo hicieron con Roger Clemens, con Wade Boggs y hasta con Pedro Martínez.

Los Red Sox creen que el tiempo de Manny se acabó. Además no estaban dispuestos a soportar su tiempo de productividad con las payasadas dentro y fuera del terreno. Para cambiar de ánimo, el gerente Theo Epstein pensó que debía poner un alto a las actuaciones cantinflescas del Neo-Bob Marley.

Pero no se confundan, Manny no es el jugador que muchos piensan, ese que no le importa el juego, que quiere hacer lo que se le venga en gana y le da igual ganar o perder. Al contrario, el tipo es un fajador pero le incomoda la híper cobertura sobre él que los medios en Boston le hicieron. Nunca estuvo contento en Boston, una ciudad que está obsesionada con sus equipos deportivos. Esta enfermedad le incomodaba a Manny.

Una vez me dijo el lanzador dominicano Julián Tavarez, mientras estaba con los Red Sox ¨Compadre, es que aquí no se puede jugar pelota tranquilo, esta gente está obsesionada. Una cosa es ser fanáticos, y de eso no me van a hablar a mi, que he pasado por los Cardenales de St. Louis y juego con las Águilas Cibaeñas en Dominicana, pero es que acá llega a ser una enfermedad y los medios de acá son destructivos si uno no les dedica el 80% de su tiempo...por eso joden a Manny, pero él sólo quiere jugar tranquilo.¨

Por el otro lado...¿Qué club no quiere contar con sus servicios? Aparte de garantizar uno de los mejores bates del béisbol, atrae atención y arrastre, y la única condición era asegurarle que el equipo que lo quisiera, tendría que renunciar a las opciones de $20 millones para el 2009 y 2010. O sea, que al final de esta temporada, Manny puede venderse al mejor postor, bien sea quedándose con los Dodgers, o quizás caminando hacia la calle del frente, donde los Angels podrían usarlo como designado.

Para que sepan, en realidad Manny quería ir a los Mets para jugar con su compadre Pedro Martínez, se los digo de buena fuente.

Por ahora ayudará a los Dodgers a ganar el oeste de la Nacional. Quienes creen que su carrera va en descenso se equivocan. Boston cometió un error al no sincerarse con él y dejarlo ser.

Ahora en sus días libres llevará a la playa a su esposa Juliana y comerán tacos al pastor, algo que nunca han podido hacer en su carrera.


¿Si es para los Yankees si?

Jorge Posada fue terco y su terquedad la castigaron los Yankees. El receptor boricua se lesionó de su hombro derecho tras firmar un contrato por 3 años y $54 millones. El problema no fue la lesión sino la recuperación. Tras intentar regresar como bateador designado e inicialista, dejando a su compatriota José Molina en la receptoría, los Yankees le aconsejaron someterse a cirugía para regresar la próxima temporada en buenas condiciones pero este fue renuente.

Sin embargo el club no dudó en hacerse de los servicios del papá de los catcher boricuas Iván Rodríguez apenas hubo la oportunidad, sumando a un receptor con 14 Juegos de Estrellas en su hoja de vida y poniendo fin a las esperanzas de Posada de volver esta temporada.

¨No pude negarme a acceder a un cambio para los Yankees, es como un sueño hecho realidad¨dijo Pudge a su llegada a Nueva York.

El gerente general de los Tigers Dave Dombrowski sabe que está tirando la toalla. Alegó que prefirió salir de su receptor en el año final de su contrato para reforzar su cuerpo de relevo. ¿Con Kyle Farnsworth? Ilógico.

Rodríguez es un líder; tanto así que apenas llegó a los Yankees impone el respeto en su nuevo clubhouse. Su presencia afecta positivamente al club a pesar de que sus mejores años con el bate hallan pasado.

No vamos a ver a un Pudge con 25 vuelacercas en lo que queda de campaña, pero sin duda será un motivador para un cuerpo de pitcheo tan frágil como el de los Yankees. Esto podría marcar la diferencia. Mientras el ánimo de los Red Sox se desmorona, el de los Yankees se afianza. Además la llegada de Xavier Nady y Dámaso Marte vienen a cubrir huecos.

Al final de la temporada, Pudge será agente libre y los Yankees no serán quienes le ofrezcan un contrato. Su actual puesto es de Posada. El futuro Salón de la Fama terminará su carrera con otro equipo que le asegure alrededor de 5 millones por temporada, al menos 2 garantizadas.


Griffey Jr.: A disfrutar del ocaso.

Cuando Ken Griffey llegó a Chicago tras aprobar su transferencia hacia los White Sox, se reunió con el gerente general Kenny Williams y lo primero que le dijo fue: ¨Ken, te lo tengo que decir, debes saber que no estás recibiendo al chico que jugaba con los Mariners¨, y Williams le respondió: ¨Es que no estamos buscando al chico que jugaba con Seattle, buscamos al veterano de 38 años que nos puede ayudar esta temporada¨.

Si cuentas claras conservan amistades, la pasantía de Griffey por los White Sox debe ser positiva. Sobre todo con un Guillén que respeta el juego por sobre todas las cosas y conoce al personaje que le montaron en su barco.

El Junior tenía que pasar la página de Cincinnati. De hecho se tardó mucho. En el 2000 firmó un contrato de 9 años por $116 millones rechazando más dinero y dejando atrás su exitosa carrera con los Mariners por jugar con el equipo de su casa, los Cincinnati Reds, con quienes creció, y donde su padre fue una gran estrella.

Pero como nadie escoge su destino, su cuento de hadas se convirtió en pesadilla. Las lesiones limitaron su juego y en el camino pasó algo que muchos no podían creer, se puso viejo. Incluso a mi, pensar que Ken Griffey Jr. tiene 38 años me da escalofríos. Sin embargo superó la barrera de los 600 cuadrangulares.

Ahora llega a un clubhouse donde hace apenas 3 semanas Guillén clamaba por refuerzos. A pesar de que los White Sox están en primer lugar saben que tienen problemas fabricando carreras que no sean por la vía del cuadrangular. Esa pelota pequeña de Guillén se esfumó este año con el poder de Carlos Quentin, Jermaine Dye, Jim Thome, Joe Crede y un Paul Konerko a media máquina. A esto, sumémosle a Griffey Jr.

Los White Sox necesitaban reforzar su pitcheo intermedio y quizás buscar un abridor. En cambio, consiguieron a Griffey, lo cual es distinto pero debe verse de forma positiva. El equipo está en primer lugar luchando con Minnesota, pero Detroit tiró la toalla al igual que Cleveland. La división se ve más fácil de lo que aparentaba.

Por otro lado, Griffey será el motivador, el hombre que se alternará como jardinero central y designado. Si su salud no le traciona de nuevo tendrá un final sólido de temporada para sus condiciones actuales.

Por el lado contractual no se ha pronunicado. Este es su último año en el contrato con los Reds y le queda una opción de $16.5 millones para el 2009. Si los White Sox no toman la opción, tendrán que pagarle $4 millones y será libre para firmar con quien mejor convenga. Por ahora ha dicho que no está preocupado por el contrato y al final de la temporada se verá que sucede. Su motivación es la postemporada, no el dinero.

Guillén por su parte dice: ¨Si yo gano con este equipo Earl Weaver y Billy Martin quedarán en pañales al lado mío, porque voy a decirle de todo a quienes no creen en nosotros¨ Le doy la razón a Ozzie, quien gana y gana y hace lo imposible por mantener al club a flote y en Chicago lo critican como si estuviera en el último lugar.

3 comentarios:

MVP Beisblog dijo...

Que tal. Antes que nada un gran saludo y una felicitación, tu blog me ha parecido de verdad interesante y se percibe la dedicación.

Un aspecto que me hace indentificarme, es que tampoco posees muchas entradas (comments), lo cual sugiere la falta de adecuación por parte del público al medio, o carencia de promoción por nuestra parte. Ja. Bueno, te felicito y te invito a visitar mi gaceta, estoy trabajando en la siguiente publicación, donde abordaré los temas de actualidad que hacen eco el día de hoy (y que ya bien abordas en tu reciente entrada) y algunos apuntes de cara a la parte final de la temporada.

Saludos!

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el post, felicitaciones desde Colombia!

Anónimo dijo...

Interesante articulo, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)