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miércoles, 23 de enero de 2008

La Gallina de los Huevos de Oro


Increíble. Esa fue la primera expresión que se me vino a la mente cuando escuché la extensión del contrato de Bud Selig como comisionado por 3 temporadas más (a partir del 2009) por parte de los dueños de las 30 organizaciones de Liga Mayor. Me disculpan pero es que sigo siendo un idiota.

Esto es como una verdadera cachetada a los fanáticos por parte de los dueños y una ratificación de su única intención de generar dinero por encima de mantener el más alto nivel competitivo y limpio del béisbol en el planeta.

Por el lado bueno, Selig llevó adelante en 1993 la reorganización de los equipos en nuevas divisiones generando la creación del comodín, creando una nueva dimensión en el interés de la postemporada.

Además cristalizó el proyecto de los Juegos Interligas, que han sido un verdadero éxito para la mayoría de los equipos en la temporada regular.

Pero durante su mandato apoyó la muerte de los Expos de Montreal y acomodó los cambios de riendas en los Red Sox y Marlins, auspició la creación de los Washington Nationals, y falló en su intento por eliminar del mapa del béisbol a los Minnesota Twins.

En el 2002 tuvo un episodio gris durante el Juego de Estrellas, cuando canceló el partido en extrainnings por falta de pitchers.

En la era Selig, el béisbol de las Grandes Ligas ha multiplicado sus ganancias y está quizás en el mejor momento económico en su historia. La asistencia a los parques ha aumentado en un 59% desde 1990 y el año pasado la industria reportó ganancias de $6 billones de dólares, un 279% más que los $1.6 billones de dólares generados en 1992.

Esto es lo que importa.

Para los dueños no importa que la era Selig sea también la era de los esteroides. El principal problema del béisbol en la luz pública a nivel mundial, sigue siendo un pequeño detalle.

La década de los 90’s fue una eterna fiesta de consumo de anabólicos para los jugadores de béisbol y de todo aquel que quisiera mejorar su rendimiento físico. Selig y los dueños decidieron voltear la mirada y hacerse los desentendidos con la situación.

Personalmente, les juro que nunca entendí que el consumo de esteroides fuera un problema para el juego. Creía que si las Grandes Ligas no tomaban cartas ante una situación obvia, quizás no era un problema.

En un deporte profesional como el béisbol, se creó una cultura de que no había nada de malo con usar estimulantes para aumentar el rendimiento y mejorar el nivel de juego. Esto comenzó a cambiar cuando un periodista de AP en 1998 comenzó a cuestionar la integridad del récord de Mark McGwire por el uso abierto de androstenediona.

Quizás esa fue la cultura que el eje Selig-Dueños quisieron imponer al dejar pasar todo por debajo de la mesa.

Recientemente George Vecsey, periodista del New York Times desempolvó una historia que pasó desapercibida. En 1994, el abogado Rob Manfred, hoy en día Vicepresidente de Relaciones Laborales de Major League Baseball, envió a las Grandes Ligas un documento de 12 páginas con una propuesta llamada “Prevención de Uso y Distribución de Drogas”, que incluía una serie de ideas para el monitoreo y castigo para jugadores que consumieran cualquier tipo de esteroides o drogas sin prescripción médica.

La propuesta estipulaba la práctica de pruebas aleatorias a aquellos jugadores “bajo sospecha”. Los castigos sugeridos eran el tratamiento para la primera ofensa, la suspensión de 60 días en la segunda, suspensión por 12 meses a la tercera y la suspensión de por vida para la cuarta falta.

Esto significaba que los dueños de equipos tenían que sacar a relucir sus “sospechas”. Quienes mejor que ellos para saber todo lo que ocurre dentro y fuera del clubhouse. Serían ellos los agentes de control.

Esto significaba, por ejemplo, que el dueño de los Oakland Athletics debía proponer una prueba de esteroides para José Canseco y Mark McGwire, sus máximas estrellas en el equipo y pilares del club, por sobradas muestras de híper-acondicionamiento físico. ¿Creen ustedes que lo haría? ¿Delatarían los dueños a sus inversiones? Recordemos también que Selig en los 90's todavía era dueño de los Milwaukee Brewers.

La propuesta quedó engavetada. Nada pasó. No fue prioridad. En 1994, el béisbol tocó fondo con una huelga que canceló la Serie Mundial y no era el momento de combatir este pequeño detalle. Al contrario, era la época de reavivar el interés por el juego. La estrategia: A punta de batazos... ¿Les gustan los jonrones?...¡Aquí tienen jonrones! Así funciona.

Soy un idiota porque es perfectamente entendible la posición de los dueños de ratificar a Selig como Comisionado de las Grandes Ligas mientras este genere estrategias que le hagan ganar dinero a los equipos. Es su gallina de los huevos de oro. ¿Por qué tendrían que buscar a otro? ¿Otro que controle rígidamente el consumo de sustancias? ¿Quizás uno que prohíba la firma de Barry Bonds o Roger Clemens hasta no esclarecer sus casos? ¿Uno que trabaje más por la internacionalización del béisbol para que otros mercados y países tengan la posibilidad de mayor participación en el negocio del béisbol de alto nivel? ¿Otro que tenga la rectitud para poner en duda récords cuya legitimidad esté en dudas? ¿Otro que suspenda a jugadores que admitan su consumo de esteroides a pesar de sus contratos multimillonarios? Creo que ese otro nunca va a llegar. Al menos no por ahora, mientras la bonanza económica del béisbol mantenga su ritmo.

Para los dueños Selig es el mesías del dinero y lo seguirá siendo. Para los fanáticos es la figura corporativa y política que ha elevado el nivel del negocio del juego, sin importar consecuencias, incluyendo la proliferación de esteroides. El reporte Mitchell intenta ahora culpar a los jugadores por su conducta anti-ética, cuando fue el mismo sistema abanderado por Selig quien estimuló la situación.

El Congreso de los Estados Unidos, en su estrategia de desviación de los verdaderos problemas de carácter social en este país, ha puesto en el tapete el asunto de los esteroides en el béisbol para determinar culpables que no pueden ser castigados. Más que la búsqueda de soluciones, tratan de encontrar la causa, lo cual no tendrá ningún impacto.

Al menos escuché una frase sensata la semana pasada del Representante Demócrata de Maryland Elijah Cummins, quien le dijo a Selig y a Fehr: “Sólo quiero recordarles que todo este escándalo ha pasado bajo su mandato".

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