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lunes, 29 de junio de 2009

La conquista de la Gran Manzana

Los Yankees barrieron a los Mets este fin de semana en la primera Serie del Subway en el Citi Field. Fin de semana doloroso para los fanáticos de Queens. La rivalidad Yankees-Mets sigue creciendo en cada episodio desde su inicio en 1997.


Los Yankees son el equipo de béisbol más popular del planeta. Pero en este pequeño pueblo llamado Nueva York estos días cuando Yankees y Mets se ven las caras, hay tercos que afirman que los Mets tienen más fanáticos por la sencilla razón de que el club de la Liga Nacional recibió históricamente a los fanáticos de los Giants y los Dodgers.

Antes del primer choque entre ambos este mes, el New York Times, la Universidad de Cornell y el canal de televisión NY1 organizaron una encuesta sobre el favoritismo hacia un equipo u otro. Los resultados: 34% de los residentes de la ciudad de Nueva York son fanáticos de los Yankees, 25% de los Mets, y dejando por fuera a quienes prefieren a algún equipo distinto, un 6% se declaró fanático de ambos bandos.

De los encuestados menores de 45 años, la preferencia por los Yankees es de 2 sobre 1; pero en mayores de 45, el gusto entre Yankees y Mets es parejo. Es decir, se refuerza en cierta forma la consistencia de gustos de los antiguos seguidores de la Liga Nacional, esos que fueron rescatados por los Mets tras la mudanza de los Dodgers y Giants a la costa oeste.

Estos números dejan muy bien posicionados a los Mets en su territorio. La lucha por conquistar a la capital del mundo es salvaje. Desde construir mega estadios para ver cual de los dos es mejor y discusiones airadas en las calles, hasta sangre, sudor y lágrimas en el terreno de juego.

Estos sentimientos de rivalidad histórica se reforzaron con los Juegos Interligas que comenzaron en 1997. Cada año Yankees y Mets juegan dos series, una en cada parque, y tal y como ha pasado en este fin de semana, los ánimos se sienten en toda la ciudad. Aparte de los juegos Yankees-Red Sox, estos boletos son los más codiciados en temporada regular.

La primera vez que ambos equipos se enfrentaron fue el 16 de junio de 1997 en Yankee Stadium. Los Yankees fueron blanqueados 6-0 con un blanqueo en ruta completa por parte del lanzador de los Mets, Dave Mlicki.

Quise revivir esos momentos. Del lado de los Mets estaba mi actual compañero de trabajo Carlos Baerga. Del lado de los Yankees estaba Luis Sojo, el ícono venezolano de los Yankees. Así que me senté a hablar con ambos de esos primeros episodios de la Serie del Subway.

“Para nosotros ese primer juego fue muy especial porque sabíamos que estábamos haciendo historia” dice Baerga. “Cuando llegamos a Yankee Stadium se sentía un ambiente de Serie Mundial, todo el mundo hablaba de eso y los ánimos estaban calientes tanto en el terreno como en las tribunas” recuerda el intermedista boricua.

“Los Yankees eran el mejor equipo en el béisbol; había que ganarles para mantener la honra de la ciudad” agrega. “Ganamos ese primer juego con blanqueo de Mlicki. Eso les pegó en el alma a los Yankees. Mlicki estaba súper contento esa noche al igual que nosotros y todos los seguidores de los Mets. Para Mlicki fue el mejor juego de su carrera de 10 temporadas en Grandes Ligas” recuerda acertadamente Carlitos. Mlicki permitió 9 hits, 2 boletos y 8 ponches en 9 entradas, con sólo 2 boletos. La mejor actuación en su carrera.

Del otro lado del terreno estaba Sojo. “Los fanáticos en Nueva York y la prensa son implacables” dice el mánager de la selección vinotinto. “Los Mets realmente tienen muchos seguidores en la ciudad y odian a los Yankees. Desde ese momento, los sentimientos entre ambos bandos se tornaron más fuertes”, agrega.

Les pregunto a ambos…¿Cuál es el mejor recuerdo que tienen de sus experiencias en Series Yankees-Mets?

Baerga, un bateador de por vida de .335 en Juegos Interligas recuerda los incidentes en las tribunas: “En esa primera serie estábamos pendientes de lo que pasaba en las gradas del Yankee Stadium porque ya se escuchaban los gritos de “Yankees Suck” y en el Bronx los fanáticos son salvajes, así que se formaron varias golpizas y expulsaban a gente constantemente porque los gritos y discusiones se salían de control”.

Sojo recuerda el incidente cuando Roger Clemens le pegó un pelotazo en la cabeza a Mike Piazza. “Piazza nos estaba matando. Cada vez que se enfrentaba a nosotros destrozaba a nuestros lanzadores y se crecía, se ensañaba contra los Yankees. Así que Clemens recurrió a una de sus armas de toda la vida, la intimidación. Sabíamos en el clubhouse que iba a pegarle un bolazo en ese turno, pero en realidad sólo él sabe si lo hizo intencionalmente a la cabeza.”

“Creo que él quería pegarle en la costilla o algo así, quizás se le salió el lanzamiento; pero lo importante es que después de la disputa Piazza no fue el mismo. Ese pelotazo neutralizó la producción de Piazza contra nosotros. El plan de Clemens funcionó perfectamente” agrega.

La Serie Mundial del Subway

Es inevitable recordar la Serie Mundial del 2000 cuando se habla de Yankees-Mets. Los Yankees eran el mejor equipo de esa época y los Mets buscaban regresar al protagonismo. Esa temporada cristalizaron la meta de ganar el título de la Liga Nacional y medirse ante sus rivales locales.

Sojo fue una de las figuras de los Bombarderos y en el juego 5 buscaban consolidar el título. Jugando en Shea Stadium llegaron empatados a 2 carreras en la 9na entrada y el rally llegó después de 2 outs.

Al Leiter lanzaba para los Mets y había ponchado a Tino Martínez y Paul O’Neill. Le otorgó boleto a Jorge Posada y el mánager Bobby Valentine decidió dejarlo buscando el juego completo. Scott Brosius conectó sencillo al jardín izquierdo y avanzó Posada a segunda base. El turno era para Luis Sojo.

“Era un ambiente indescriptible. Lo que cualquier jugador se imagina en su carrera. La Serie Mundial, con los Yankees, la carrera de la victoria en segunda y yo tenía la oportunidad de darle un título al equipo con un hit” dice Sojo.

Leiter se mantuvo lanzando, y en el mismo primer lanzamiento Sojo conectó un imparable por el medio del campo que trajo a Posada a toda máquina hacia la goma. El jardinero central Jay Payton hizo el lanzamiento hacia el plato pero fue desviado y su error trajo también a Brosius desde la inicial. Sojo llegó a la tercera base con el hit de oro que tras la caída de la 9na entrada con Mariano Rivera en la lomita, le dio a los Yankees su título número 26 en la historia y la supremacía absoluta de la ciudad.

Sojo cataloga ese momento como el mejor de su carrera. “Fue un episodio de mucho orgullo para mí y para mi familia, imagínate lo que representó para mí porque en ese equipo lleno de súper estrellas, fue Luis Sojo quien le dio la victoria a los Yankees. Me abrió las puertas y me dio muchas oportunidades y reconocimiento en el béisbol”.

Actualmente Sojo sigue trabajando con los Yankees, como mánager de la sucursal clase A fuerte en la Liga de la Florida, los Tampa Yankees.

En su carrera jugó 10 juegos en temporada regular contra los Mets y bateó para .335 con 4 remolcadas. Hoy se asombra por como se ha extendido la guerra entre ambos equipos desde donde partió en 1997: “Imagínate hasta donde ha llegado la rivalidad que se ha extendido hasta las Ligas Menores, donde los fanáticos ponen calientes las tribunas. Casualmente este fin de semana nosotros estamos jugando contra el Port St. Lucie, la sucursal de los Mets, y en esta liga los managers somos también coach de tercera base. Cada vez que yo salgo al terreno aún los fanáticos de ellos me gritan cosas y me recuerdan como yo maté sus esperanzas en esa Serie Mundial…yo sólo me río porque sé que hice bien mi trabajo…a veces también me meto con ellos para buscarles la lengua y divertirme un poco. Es una rivalidad muy sana”.

lunes, 22 de junio de 2009

Sammy Sosa: ¿Tonto útil para el béisbol?

Sammy Sosa fue el gran protagonista del béisbol en la era post-huelga de las Grandes Ligas, cuando el uso de esteroides era altamente sospechado, pero las autoridades nunca regularon el uso; sin embargo, hoy está acusado de salir positivo en las pruebas del 2003, en una lista que no ha sido revelada.

El New York Times reveló esta semana que según sus fuentes, el nombre de Sammy Sosa estaba en la famosa lista de 104 jugadores de Grandes Ligas que resultaron positivos en las pruebas antidopaje realizadas en el 2003.

En esta lista sólo se había escapado el nombre de Alex Rodríguez, y ante los rumores y escándalos, decidió dar la cara, reconocer su error y pedir disculpas públicas por atentar a la integridad del juego limpio.

¿Pero qué puede decir Sosa? ¿Cómo se debe sentir en este momento?

Yo me sintiera como un tonto útil.

Sammy Sosa fue el hombre que levantó el béisbol cuando estaba por el piso a mediados de los 90, tras una huelga producida por la avaricia de los dueños de equipos y la búsqueda de mejores condiciones por parte de los jugadores.

Si Roberto Clemente ha sido el ícono a seguir de los peloteros latinoamericanos en las Grandes Ligas, Sosa, guardando la distancia, trató de emular su legado.

No a cualquiera le dieron el apodo de ¨El Bambino del Caribe¨. Decir que Sosa fue nuestro Babe Ruth, tiene un peso importante.

Sammy no sólo fue el hombre que conectó 60 jonrones en tres temporadas seguidas, y que protagonizó una carrera de cuadrangulares inolvidable en 1998 junto a Mark McGwire, donde los ojos del mundo estaban puestos en cada lanzamiento. Su impacto fue aún mayor.

Muchos peloteros latinoamericanos han tenido éxito en las mayores e influencia en los Estados Unidos; pero Sosa, levó la batuta en los últimos 30 años.

Su carisma, trato, entrega por su equipo y disfrute en un terreno de juego caracterizaron su carrera. Creo que yo, así como muchos, cuando pienso en Sammy Sosa, pienso en muchos recuerdos gratos antes de que la palabra esteroides venga a mi mente. Haga usted el experimiento.

Sosa se metió a la opinión norteamericana en un bolsillo. Fue la utopía hecha realidad, el niño pobre de las calles de la República Dominicana que con talento y esfuerzo logró brillar al más alto nivel en el mundo, llevando su bandera y profesando su identidad.

Todos querían a Sammy, pero...

No podemos tapar el sol con un dedo. Si, es muy posible que Sammy Sosa haya consumido esteroides en su carrera, así como la gran mayoría de los jugadores en las mayores en las 3 últimas décadas. Si, es muy posible que la corpulencia que adquirió haya sido estimulada por sustancias químicas, que hoy en día son prohibidas.

Lo que quiere decir que en su época, fueron legales, o al menos reguladas muy, muy levemente.

Si, es muy posible que dichas sustancias hayan colaborado a que durante su carrera haya amasado 609 vuelacercas, siendo el sexto jugador en la lista histórica en este departamento.

Mi problema no es con quien se equivoca sino con el que regula a su conveniencia la equivocaciones. Basta de que tanto las Grandes Ligas como los medios de comunicación alrededor de su sistema corporativo sigan reviviendo episodios prescritos en el pasado. El béisbol no gana nada.

No es justo. Es por esta razón que la asociación de peloteros ha cabildeado para no revelar los 104 nombres de la lista de pruebas positivas del 2003; no se puede castigar hoy algo que se hizo después de tanto tiempo.

Si Sosa salió positivo en 2003 y no existía un castigo específico para esto, porque no era considerado ilegal, entonces ¿De qué es culpable?

Hoy recibe una puñalada en la espalda por parte de esos que lo adularon durante su carrera y por parte de esos que se beneficiaron con las emociones que sus cuadrangulares despertaban.

Recordemos que la curiosidad mató al gato, y el sólo hecho de desempolvar a la luz pública que existió esta lista, podría descubrir la punta de un iceberg para una etapa nefasta en el beísbol.

Las mismas autoridades taparon esta lista por años. Es una desfachatez ahora usarla en contra de quienes los beneficiaron. La medicina podría ser peor que la enfermedad.

Si ellos querían ser estrictos y querían irse por ¨lo correcto¨, política que profesan falsamente, como muchas autoridades en el mundo, ¿Por qué razón no se castigaba a nadie en esa época?

Muy simple: porque habría sido una debacle para el juego. No convenía frenar el crecimiento económico sostenido de la multimillonaria industria de las Grandes Ligas, causado por una decepción general, como pasó en 1994 ante la huelga. Sin el factor emoción en el terreno, no hay dinero.

El Salòn de la Fama

Lo que me parece muy extraño que el nombre de Sosa sale a la luz pública después que el dominicano anunciara recientemente su retiro definitivo para hacerse elegible al Salón de la Fama dentro de cinco años.

Pareciera que muchos no soportaban que a pesar de comentarios y rumores, Sosa podría ¨salirse con la suya¨ y no tener ninguna acusación de real peso sobre el consumo de esteroides; factor que hoy mancha las posibilidades de estrellas como Roger Clemens, Barry Bonds, Rafael Palmeiro, Mark McGwire y José Canseco, entre otros.

Es como si de alguna forma tenían que meter a Sammy en la misma bolsa a como diera lugar. El episodio del corcho no era suficiente.

Lo que si pareciera una cacería de brujas es la decision del Congreso de los Estados Unidos de investigar sus declaraciones bajo juramento en 2005, que pudieran generarle cargos de perjurio.

Sosa dijo esta semana que no hablaría sobre el tema y que simplemente se quedaría esperando su elección a Cooperstown.

Sammy es un Salón de la Fama en todos los sentidos. Con esteroides o sin ellos fue el mejor en su rol en su época, causó momentos inolvidables, despertó emociones y conquistó el juego.

Dicen por ahí que ¨El que calla, otorga¨. Sosa debe guardar silencio y esperar. Si el problema en los años venideros es sólo un lugar entre los inmortales del béisbol, y por alguna causa esta generación de votantes no lo considera parte de este grupo, pues en algún momento se hará justicia.

Y si la señorita de los ojos vendados se tarda en llegar, Sosa tendrá siempre ese lugar de honor en el eterno grato recuerdo de nuestra gente. Ese es el mejor Salòn de la Fama.

jueves, 18 de junio de 2009

Es hora del Olímpico

El Estadio Olímpico Alejandro Borges es la cuna del desarrollo del béisbol zuliano y tras casi 55 años de servicios es víctima de la indolencia de las autoridades que desaprovechan su potencial y patrimonio.

Tristeza, rabia, duda, frustración, impotencia e indignación. Todo esto me invade al pasar por el frente del Estadio Olímpico Alejandro Borges acá en Maracaibo.

Y es que yo sigo haciéndome la misma pregunta por años y años: ¿Será que las autoridades a quien corresponde (¡que de paso, no se quienes son!) nunca han visto ni siquiera un estadio de béisbol en excelentes condiciones, bien sea en Venezuela o en el extranjero?

En los Estados Unidos, por ejemplo, cuando los estadios de béisbol pasan su mejor etapa, en años anteriores han sido demolidos, dando paso a nuevas realidades que entierran para siempre un glorioso pasado.

Dichas experiencias han demostrado que estas prácticas han sido completos errores. En unos casos por indolencia comercial, en otros por ignorancia y en otros hasta por indiferencia.

La desaparición física por completo de los parques de béisbol en comunidades donde el juego ha creado un impacto cultural y social, deja huérfano el recuerdo. Aún se lamenta más de un residente de Brooklyn cuando se habla del Ebbets Field, o en el sur de Chicago del Comiskey Park, en la Ciudad de México del Parque del Seguro Social, y hasta en Maracaibo nunca se ha borrado el recuerdo transgeneracional del Estadio del Lago.

Las estructuras han demostrado tener mayor longevidad que las personas y su desaparición causa un impacto aún mayor que una vida misma.

Por esto es que se ha procurado en los últimos años preservar el pasado y la tradición. En Queens, el nuevo Citi Field busca emular a Ebbets en el mismo lugar donde estaba Shea. En el Bronx, el nuevo Yankee Stadium está justo al frente de su antecesor y en su lugar se construirá un parque público con elementos del antiguo parque para mantener viva la esencia del escenario deportivo más famoso del mundo.

En Cincinnati, el Great American Ballpark, es una combinación del Crossley Field que funcionó hasta 1970, con el Riverfront Park (luego Cinergy Field) que funcionó hasta 2004. En Atlanta tras demoler el Fulton County Stadium, dejaron las marcas mas memorables del parque intactas, incluyendo por donde pasó el jonrón 715 de Hank Aaron.

En Chicago, Wrigley Field se mantiene como la casa de los Cubs desde 1916, y han remodelado el parque manteniendo intacta su esencia con la finalidad de ofrecer al visitante la experiencia original del parque. De igual forma en Boston, Fenway Park ha sido acondicionado para permanecer igual desde su apertura en 1912.

Estas comparaciones las hago para ilustrar un poco como se ha hecho en otros lugares. Lo que representan estas estructuras en sus respectivas comunidades y el respeto que se le tiene al pasado. De todo eso debemos aprender y bajar la cabeza.

No es que lo vayan a demoler pero…

El Estadio Olímpico de Maracaibo abrió sus puertas en 1945. Su construcción fue un clamor de la fanaticada cuando el Estadio del Lago ya le quedaba pequeño a las rivalidades de la pelota local y sus figuras.

Con el desarrollo de las batallas deportivas entre Gavilanes y Pastora y de la Liga Occidental, y el auge de la cobertura de medios locales, el parque se convirtió en el principal escenario deportivo de la ciudad. Además del béisbol, grandes carteleras del boxeo nacional e internacional, básquetbol, fútbol y hasta corridas de toros fueron escenificadas.

Al menos nunca he escuchado que ningún genio de esos que mete su mano en el meollo gubernamental, haya pensado en vender el terreno para tumbarlo y construir en el sitio algún conjunto residencial. Al menos no ha llegado todavía una idea tan falta de todo.

Pero es igualmente insultante para el pasado deportivo de nuestra región las condiciones en que se encuentra y se ha encontrado en los últimos 30 años el viejo parque.

Al menos, a mi no me van a convencer con tres manos de pintura, un aviso de mal gusto en la entrada y un espacio para una Pequeña Liga de Béisbol.

Si vamos a tenerlo levantado, pues que sea un proyecto de calidad. Si se pudieron rescatar en la ciudad obras como el Mercado de Maracaibo (hoy CAM Lía Bermúdez), el Teatro Baralt, varias iglesias y templos; pues creo que la hora le llegó al Alejandro Borges.

Revivir el pasado

La idea es simple. Lo único que yo como fanático al deporte nacido en esta ciudad aspiro es entrar al lugar y que me transporte al pasado.

Yo aspiro poder entrar y mostrarle a un visitante a mi ciudad que en ese lugar comenzó la carrera de un Salón de la Fama, que el primer negro en las Grandes Ligas corrió por esas bases, que grandes jugadores nacidos en esta ciudad escribieron historia del desarrollo del béisbol en esta tierra.

No es mucho pedir. Sólo aspiro buen gusto y atención a los detalles. Ya basta de mamarrachadas. Ya basta de gastar dinero solo por gastar. Ya basta de que los niños que ahí juegan de la mano de la diligencia de Sammy Portillo no conozcan el verdadero color verde de una grama, ni la arena de un parque de pelota moderno.

Es una cuestión de ambientación, de crear una experiencia para el visitante, para el que allí juega todos los días, para el que lleva a sus hijos a la práctica, para el que va a ver un juego el fin de semana, para traer un evento de envergadura, para mostrar a las futuras generaciones de donde vino nuestra pasión por el deporte.

Señores, no es un tema de presupuesto. No es un tema de que no hay dólares, ni que no hay grama, ni arena, ni pintura, ni nada de lo que se necesita para tener un parque de antaño del cual nos sintamos orgullosos. Es un tema de conciencia y de buena gestión de las autoridades.

No aspiramos un estadio con calidad de Grandes Ligas, pero al menos, uno que se parezca a las Ligas Menores, que de paso, son impecables. Claro, con nuestro propio sello.

Mi única esperanza es que sé que tenemos la gente, la disposición, la experticia y las ganas para celebrar nuestro pasado deportivo y elevar la calidad de nuestro futuro. Algún día lo veré.

Manny vs. Manny...Yo vs. Yo

Manny Ramírez es el centro de una polémica sobre la participación de jugadores suspendidos por uso de esteroides en actividades y eventos especiales de Major League Baseball.

Esta semana sigue la candente polémica sobre la posible participación de Manny Ramírez al Juego de las Estrellas en el Busch Stadium de St. Louis tras su suspensión por 50 juegos por resultar positivo en el uso de sustancias prohibidas por el reglamento antidopaje de Major League Baseball.

Les mostraré las dos caras de Manny. Argumentaré por cada uno de ellas y pelearé conmigo mismo. Sea usted sea el juez y saque sus conclusiones sobre este caso.

Si debe participar

El que cometió un error y está pagando por el (Y bien caro…casi 8 millones de dólares) tiene derecho a participar. Manny juega como un niño que se divierte en el terreno y hace reír a todos con sus locuras.

Las reglas son las reglas y son muy claras. No pueden ser modificadas por un caso en particular. Si un jugador es suspendido bajo la política de prevención y control de sustancias prohibidas, se penaliza con juegos del equipo al que pertenece. En este caso, para Ramírez fueron 50, aplicables desde el 7 de mayo hasta el 3 de julio. El día 3 de julio será elegible para regresar al róster de su equipo y ponerse en acción si así lo decide la gerencia del club.

El Juego de las Estrellas, por el otro lado, es meramente una exhibición, hecha en mancomunación por Major League Baseball y la Asociación de Peloteros. En los últimos años se le ha dado un matiz de importancia al otorgar ventaja de comenzar la Serie Mundial en la casa de la Liga ganadora del encuentro. No es un juego de los Dodgers. En ningún lado dice que un jugador suspendido no puede participar en eventos de exhibición o de cualquier tipo relacionados con su equipo o Major League Baseball.

Para el día del evento, 14 de julio, ya Manny estará de regreso, por lo cual no existe en las reglas nada que le prohíba actuar en el partido si los fanáticos o el mánager así lo desea.

La semana pasada se prendió el tema con las declaraciones de Joe Torre, el dueño de los Dodgers Frank McCourt, y el Comisionado de las Grandes Ligas Bud Selig. De acuerdo a Torre, Manny no debería ir al clásico de mitad de temporada. McCourt opina que sería un honor para los Dodgers que Manny asistiera y Selig dijo que su situación tendría que ser revisada porque a “él” le molestaban las personas que engañaban al juego.

Me inclino hacia McCourt. Ya su estrella ha pagado los platos rotos. Es hora de dar un paso al frente.

Y es que de votos se trata el Juego de Estrellas. La decisión es enteramente de los fanáticos y para eso son las papeletas de votación. Para eso se aplica el concepto democrático en el juego. Sea como sea, es el voto popular. Y si el voto popular dice que Manny debe estar en el juego, pues Manny debe estar en el juego.

Acá yo me voy por el criterio de que Manny es no sólo un gran jugador, sino también entretiene. Y es esto lo que muchos no entienden. El béisbol debe entretener y Manny es uno de sus grandes exponentes. Muchos alegan que ha jugado poco en esta temporada, pero para dar otro ejemplo, ¿Quién no quiere ver a Ken Griffey Jr. en el Juego de Estrellas, por más y que batee apenas .220 con 6 jonrones?

Yo prefiero ver mil veces a Griffey Jr y a Manny, que a Evan Longoria y Raúl Ibáñez. Son jugadores excitantes, divertidos y futuros miembros del Salón de la Fama. Como fanático puedo elegir sin prejuicio alguno a quien yo quiera, por la razón que quiera. Me gusta ver a estos jugadores, por más números y números que tengan esos aburridos amasadores de estadísticas.

En un momento clave de un juego, quien preferirías que fuera tu bateador…Ibáñez o Manny?

Si las Grandes Ligas le prohiben a Manny su participación siendo elegido por los votantes, estarían sentando un precedente muy peligroso porque pendería de un hilo la confianza pública. Y si llegase a haber duda sobre los resultados de los votos….mmmmm….bueh! podría haber hasta un golpe de estado por parte de los fanáticos. Creo que la “nación del béisbol” no quiere más escándalos, sólo disfrutar de un verano de buena pelota.

Manny está en la papeleta de votación del juego. Los fanáticos siguen votando por él. Hasta el viernes se encontraba de quinto entre los jardineros, y es obvio que los tres primeros automáticamente tienen su boleto asegurado, pero es una práctica muy común, casi ley, que los 3 siguientes deberían ser los jardineros de reserva. El no seleccionar a Manny sería más que injusto de finalizar al menos entre los 6 primeros jardineros de la Liga Nacional.

Te apoyo Manny. He votado por ti y espero verte en St, Louis. Lo que pasó pasó…como dice el reguetón. Pa’ lante y con fe como dice Rubén Blades.

No debe participar

¿Pero hasta donde llega la estupidez de ciertas personas al votar por alguien que acaba de violar las reglas de esteroides?

Escuchemos una voz razonable. Joe Torre, quien dijo que no sería conveniente para Manny asistir al partido, así los fanáticos voten por él. Claramente dijo “No me gustaría ver a Manny en St. Louis, y creo que si le preguntan a él dirá lo mismo”.

Si este tipo asiste a la cita sólo porque miles de pendejos por internet han votado para que vaya, sólo por llevarle la contraria al mundo; pues la poca dignidad que ha mostrado Ramírez con su vergüenza por lo que hizo, quedará hecha pedazos.

Quitémonos las caretas. A Manny Ramírez NO LE IMPORTA EL JUEGO DE ESTRELLAS. El prefiere pasarse 3 o 4 días libres en la playa en Miami o en Dominicana. Hablamos de la misma persona que fue seleccionada por los fanáticos en años anteriores y que ha faltado a tres citas de verano por motivos personales en el 2000, 2003 y 2006.

Esa imagen del Manny chévere no existe. Es un circo mediático. Manny juega pelota sólo porque es bueno haciéndolo y gana muy muy buen dinero. Con sus actitudes hacia sus compañeros y la falta de respeto al juego ha demostrado que no tiene una pizca de respeto hacia la institución del béisbol, y es aquí cuando la figura del Comisionado debe actuar para preservar la integridad del juego.

Bud Selig tiene razón. Las reglas deben modificarse cuando se consigue un agujero por donde se pueden romper. No es justo que asista al juego donde se les rinde homenaje a los mejores jugadores de una temporada, o incluso a los más populares, a un tipo que acaba apenas de regresar de una suspensión porque consumió esteroides, rompiendo así las reglas del juego y el proceso de depuración que la Major League Baseball ha enfatizado desde hace ya varias temporadas.

Un jugador que sea suspendido por esteroides no debe participar en ninguna actividad extra. Es más, tiene suerte que las reglas son benévolas y no lo suspenden de por vida. Obviamente quien a estas alturas del juego consume esteroides, no esta en la misma onda de todos y se quedo en el pasado; y por ende, le importa un carajo el juego.

Además si vamos a actuación, Ramírez sólo ha jugado en 27 juegos esta temporada, donde conectó 6 jonrones. ¿Son estos los números para ir al Juego de Estrellas? Su sustituto en los Dodgers, Juan Pierre tiene más méritos.

Nadie es más grande que el juego, y mucho menos un payaso tramposo como Manny Ramírez. La pena se lo come. Tiene varios días entrenando sólo en Dodger Stadium sin ni siquiera ver a sus compañeros. Ni su propio mánager lo apoya.

El Juego de las Estrellas ya no es una cita donde de premia con su participación a los mejores en la temporada. Es un medidor de popularidad. Felicidades Manny…wow…estás entre los más populares del colegio! ¿Puedo ser tu amigo, por favor?

lunes, 1 de junio de 2009

¡Tic…toc…Big Papi…Tic…Toc!

David Ortiz no encuentra el ¨timing¨de su swing en el 2009. Cada turno aumenta la expectativa por retomar la forma que lo convirtió en uno de los mejores bateadores del béisbol. Pero la paciencia de Boston y sus fanáticos tiene un límite.

Quienes dicen que la presión no existe para un jugador de Grandes Ligas están equivocados.

Para un profesional de este deporte no es sólo dar todo en el terreno de juego con suma integridad, pero también es la forma como se ve un juego que todos los días es igual, con sus variantes, pero igual al fin y al cabo. Lo que pasa es que para el pelotero profesional, la presión aumenta porque su vida y oficio dependen de su rendimiento.

En innumerables ocasiones el aspecto mental del juego ha podido opacar las condiciones físicas y el talento en un terreno. Lanzadores que no pueden lanzar strikes, rectas de 95 millas en un bullpen que no llegan a 88 en una situación real, infielders que no pueden dirigir la bola y bateadores que simplemente no pueden pegarle.

Incluso jonroneros que no pegan jonrones. Como David Ortiz, el “Big Papi”.

Entre el 7 de abril y el 19 de mayo, Ortiz jugó en 35 partidos de Boston, donde no conectó ningún cuadrangular. Su promedio fue sólo de .203 y pudo traer al plato apenas 15 carreras. La presión llegaba en cada turno. Todos desde el vecindario de Cambridge en Boston hasta el más pequeño colmado en Santo Domingo, se hacían la misma pregunta: ¿Cuándo conectará un cuadrangular?

El batazo finalmente llegó el 20 de mayo ante los Blue Jays. Para Ortiz y todos los furiosos seguidores de los patirojos, la cruzada del plato fue como quitarse un collar de bolas criollas. El ambiente en el dugout de Boston cambió, regresaron las sonrisas, las bromas, los abrazos y una vez más el público que colma día a día el legendario Fenway volvió a aclamar a su “Big Papi”. Todo era de nuevo felicidad.

Pero con los días la situación nuevamente se fue tornando incómoda. Si todos querían el primero, ahora quieren el segundo, el tercero y el cuarto. Así funciona con Ortiz. Para eso le pagan, para que salga de la cueva como bateador designado a conectar un cuadrangular en el momento crítico, a que traiga corredores al plato y a que sonría y le siga dando a los fanáticos motivos para olvidar los 86 años de fracasos que culminaron en el 2004.

Pero aún los batazos no llegan. Sin embargo la condescendencia con Ortiz continúa y la presión aumenta. Es un juego de aguante y de que pasará si…..

El mánager Terry Francona hizo lo que tenía que hacer: sentar a Ortiz y bajarlo en la alineación. Esta semana y por primera vez en cinco años Big Papi no estuvo entre los primeros 5 del orden al bate. Alineando como sexto, suponen que la presión deba bajar. Pero el laberinto mental está presente y no es fácil salir de él.

Al consultarle en rueda de prensa al dominicano sobre la presión tras la decisión de su mánager de tomar medidas por su bajo rendimiento, dijo: “Soy un empleado, yo sigo órdenes”.

¿Órdenes? ¿Es esta la declaración que debe dar el poderoso cuarto bate que ha sido dos veces campeón de la Serie Mundial? ¿Es este el mismo Big Papi?

Cría fama y acuéstate a dormir

En el béisbol y en la vida es una frase clásica. Mientras jugadores alrededor de la liga reciben abucheos, les dan de baja, los asignan a ligas menores o simplemente no gustan, la condición de Ortiz es diferente.

“Todos lo apoyamos acá porque está pasando por un momento difícil en su carrera, pero sabemos que eventualmente se va a recuperar y va a ayudar a nuestro equipo” me dijo Sondra, una fanática a muerte de los Red Sox en las afueras de Fenway.

“¿Pero por qué nadie lo abuchea?” pregunto. “En todos los parques han pitado a su mejor jugador cuando no rinde, muchos incluso piensan que es sido un robo para el equipo por sus altos salarios. En Philadelphia han abucheado a Ryan Howard y a Jimmy Rollins, en Yankee Stadium, ni se diga con Alex Rodríguez… ¿Cuál es la diferencia?”

“Que esto en Fenway y además… el es el Big Papi. ¿Quién no quiere al Big Papi? ¡Es como un oso gigante de peluche!” dice Sondra.

Lo de Ortiz parece como una enfermedad, donde todos están con él apoyándolo para salir del peor mal que puede tener un jugador, más aún un designado, más aún él: un slump.

Esa imagen de simpatía, amor y entrega por la camiseta que se ha creado alrededor de la figura de Big Papi es lo único que mantiene a los fanáticos y directivos en sus cabales. Sin embargo, Ortiz teme. Sabe que todo tiene un límite, incluso el amor de sus seguidores y la paciencia de la gerencia. Esto genera presión.

La presión no viene de afuera, sino de adentro

Jack Stallings es un reconocido autor, conferencista y mánager de béisbol a nivel universitario por más de 25 años. Para él, la presión viene de la falta de enfoque.

“La presión en el béisbol no viene por una situación del juego sino por como lo vemos y como lo manejamos. Nadie está manejando la situación ni poniéndola tensa; somos nosotros mismos, por como actuamos y como pensamos en ese momento” señala en su ensayo: Jugando bien bajo presión.

“Un atleta que no controla sus emociones en una situación de presión, no puede concentrarse; por lo tanto quien se piensa mucho en como hacer bien su trabajo, estará tan ocupado en esto que no tendrá espacio para darse cuenta de la situación en si” agrega.

Terry Francona dijo después del primer juego como 6to en la alineación que quiere que Ortiz no sienta que debe cargar el equipo. Pero señaló: “en ocasiones anteriores he dicho que nosotros vamos a apoyarnos en él para salir adelante porque sabemos la calidad de jugador que es”.

En pocas palabras es como si dijera: “Mientras no estés bateando no vamos a depender de tu productividad… ¡Pero apúrate porque eso es realmente lo que queremos!”. A buen entendedor, pocas palabras.

De la misma forma la prensa en Boston es pasiva por los momentos. Pero sólo por estos momentos de tensa calma y falso apoyo.

Si los Yankees, Blue Jays y Rays comienzan a apretar sus tuercas en las próximas semanas, Boston no podrá darse el lujo de tener a un bateador designado que no remolca carreras, no saca la bola y que no puede concentrarse. La dura realidad saldrá a flote, Ortiz será sentado indefinidamente mientras aparece alguna opción de mayor producción.

El Big Papi hoy es un jugador desenfocado que teme por su futuro en el béisbol y sabe que todas las palabras de apoyo muy pronto se convertirán en lo que son: mentiras.

No hay tiempo que perder para un profesional como el Big Papi. O batea o batea. El reloj corre y la jaula de bateo lo espera.