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martes, 24 de junio de 2008

100 años de comedia trágica


Remar contra la corriente no es nada fácil. Las adversidades de la vida nos dan fortaleza para alcanzar metas que a veces vemos como inalcanzables. La clave está en disfrutar el camino.

Los Chicago Cubs son hoy en día el mejor equipo del béisbol. Así como lo oye. El mejor equipo del béisbol. La última vez que los Cubs estaban en el tope de las Grandes Ligas fue en 1906. De hecho, 1906 en considerado el año de Chicago, pues tanto los White Sox en la Liga Americana, como los Cubs en la Liga Nacional, fueron los mejores equipos y disputaron de igual forma la Serie Mundial, la primera entre equipos de una misma ciudad, la cual ganaron los White Sox 4 juegos a 2.

Los Cubs tienen la adversidad de la historia en su contra. Son eternos perdedores y esa ha sido su actitud por años. La última vez que ganaron la Serie Mundial fue en 1908 y la última vez que la disputaron fue en 1945.

¿Pero realmente pueden los Cubs ganarlo todo esta temporada y poner fin a 100 años de desgracias?

Los Red Sox ganaron la Serie Mundial en el 2004 echando tierra a 84 años de derrotas y los White Sox hicieron lo propio en el 2005, acabando con 88 años sin títulos. Ellos remaron contra la corriente. Ellos lo lograron. Pero con los Cubs la situación es un poco diferente.

Los fanáticos de los Red Sox se ven en el espejo de los Yankees. Los Red Sox llegaron a varias Series Mundiales, pero lo que muchos llaman ¨Maldición del Bambino¨ hizo que las victorias no se concretaran. El factor suerte no estaba de su lado.

Sin embargo, los fanáticos de los Red Sox han sido optimistas. Saben que han tenido los equipos y las herramientas para ganar. Sólo que el engranaje de todas las piezas para lograrlo tardó un poco más de lo esperado.

Con los White Sox fue algo similar. Durante el siglo 20 tuvieron grandes equipos, encabezados por los Go-Go White Sox de Luis Aparicio en 1959, que cayeron en la Serie Mundial ante los Dodgers. Tras años con grandes figuras y buenos equipos, simplemente faltó esa chispa que los empujara hasta el final, que finalmente llegó de la mano de Ozzie Guillén como mánager en el 2005.

Pero con los Cubs es distinto. Sus fanáticos se han conformado con ser perdedores. Así como lo oye. No creo que a nadie le guste perder en el béisbol. Pero el término ¨perder¨ para los Cubs es tomado con tanta naturalidad, que todo lo que rodea a esta organización sugiere un eterno estado de depresión del cual parece imposible salir.

Es como el niño que le patean el culo en el colegio y le gusta. Es traumatizante.

Si yo fuera fanático de los Cubs vomitara cada vez que escuche el nombre ¨Steve Bartman¨.

Parece haber algo distinto este año. Los fanáticos no pueden creer que están entrando al verano con su equipo al frente y con el mejor récord en casa en las Grandes Ligas. Asistir al Wrigley Field es ahora una nueva experiencia, hay una mayor probabilidad de que el equipo gane de que pierda.

La estrategia ha sido mantener un equipo balanceado y aprovechar las oportunidades. Además Lou Piniella, con 64 años, ya no es aquel viejo gritón e insultante de antes. Su actitud es más pasiva. Su calma ha contagiado al equipo. La clave es tratar de ganar entrada por entrada, pitcheo por pitcheo.

La semana pasada los White Sox pagaron su visita anual a la zona norte de Chicago (Wrigley Field). Mientras Guillén y sus pupilos hacían sus quejas habituales: que si Wrigley es un parque viejo e incomodo, que si hay ratas en los pasillos, que si el clubhouse es pequeño, que si los fanáticos son losers, etc.; Piniella y los Cubs se limitaron a jugar y callar, barriendo la serie y mejorando su récord.

¨A mi no me importa que este clubhouse sea pequeño, es quizás mejor porque estamos más cerca. Si no tenemos un gimnasio grande, es mejor porque hay que caminar menos. A nosotros no nos importa quien venga ni de donde vengan, sólo es un juego más y debemos hacer lo posible por ganar¨ dijo Piniella antes del último juego de la serie el pasado domingo.

En el deporte, mis amigos, la historia tiene mucho peso. La última vez que los Cubs ganaron 100 juegos fue en 1935 y la última vez que terminaron con porcentaje de victorias por encima de .600 puntos fue en 1945. En ambas ocasiones llegaron a la Serie Mundial. Naturalmente las perdieron.

Al paso que van, los Cubs podrían terminar la temporada regular con 105 victorias para luego medirse probablemente al líder de la división oeste, en teoría los Diamondbacks. Después quizás a los Phillies y luego al campeón de la Liga Americana. De sólo pensar esto, recuerdo a Guillén diciendo: ¨Es muy difícil jugar 162 juegos en una temporada, pero más difícil es jugar y ganar los próximos 11¨.

En los venideros meses los Cubs deben demostrar que son de verdad y que tienen madera para dejar atrás casi 100 años de frustraciones. Mientras tanto sus fanáticos se siguen preguntando ¿Qué saldrá mal? ¿Quién es nuestro próximo Bartman?

Para ganar todo, los Cubs deben atravesar primero este abismo de negatividad y dejarlo atrás. Esta es su gran prueba. Al menos por ahora lo están logrando, aún con Soriano y Zambrano fuera de acción por los momentos.

Si los Cubs del 2008 logran poner fin a esta trágica comedia, yo mismo tomaré un avión a Chicago para probar una de las champañas más dulces que se haya destapado en un terreno de pelota en muchos años.

viernes, 20 de junio de 2008

El misticismo de Cooperstown


Quienes asistimos el año pasado al juego anual del Salón de la Fama, enttre los Orioles y los Blue Jays, ignorábamos que sería el último de este tipo en el sagrado Doubleday Field.

Y es que durante la preparación de las actividades anuales para el 2008 en el lugar donde está situado el Salón de la Fama y Museo del Béisbol, cuando llegaron al punto de definir los equipos que jugarían esta exhibición se destapó finalmente una olla de presión con opiniones y justificaciones para no hacerlo. La decisión final tuvo poca acogida. Los Cubs y los Padres jugarían el 16 de junio y este sería el la última vez que dos equipos durante la temporada regular se enfrenten en el medio de la temporada en un partido no válido, en Cooperstown, el lugar donde se ha jugado este clásico cada verano desde 1939.

¿La justificación? Los problemas logísticos para llevar a los equipos a Cooperstown y cortar el ritmo de juego de cada club. ¿La justificación real? Los equipos no hacen dinero jugando en Cooperstown porque las ganancias van dirigidas hacia la comunidad de Cooperstown y el Salón de la Fama como fundación sin fines de lucro. Para los dueños, no vale la pena gastar tanto dinero para no hacer nada en un pequeño estadio de un pueblito en el medio de la montaña. Para los jugadores, significa perder un día libre en la temporada.

Y es que en esta época moderna del béisbol, parece que nadie puede hacer un esfuerzo por mantener viva una tradición, por honrar el pasado y preservar el futuro. Nada de esto importa, a menos que haya mucho dinero involucrado. Estamos hablando de quienes toman estas decisiones ganan millones de dólares por su trabajo, y el amor por el juego brilla por su ausencia.

El 16 de junio llegó y en Cooperstown habían más de 10 mil fanáticos para presenciar el juego y protestar al mismo tiempo por esta injusta decisión. "Es el único juego profesional que queda vivo en este país donde hay un verdadero ambiente de béisbol" dice Jeff Zegler, quien atiende una venta de souvernirs de béisbol al lado del mítico Doubleday Field. "Aquí no hay publicidad en el campo, no hay pizarra electrónica, no hay patrocinantes corporativos. La comida es hecha por la comunidad y este pueblo vive de eso. Vivimos de la preservación de la historia del béisbol y hasta eso no los quieren quitar" agrega.

En el Clarks Sports Center los Cubs y Padres se preparaban para asistir al parque en buses estilo tranvía. El mánager de los Cubs Lou Piniella decía "Estamos honrados de estar acá con la historia de Cooperstown y todo eso, pero venir para acá es un poco forzado para nuestro calendario".

Esta reacción de Piniella provocó a Kristian Connolly, un residente del área, a crear una lugar en internet para promover la campaña para rescatar el Juego del Salón de la Fama (www.savethefamegame.com). Connolly ha enviado cartas a cualquier persona con el poder de hacer algo, incluyendo a la Senadora (Demócrata) de Nueva York Hillary Clinton, pero aún no recibe ese pesado soporte que necesita. El Comisionado Bud Selig le respondió: "Nuestros equipos juegan 162 veces en 180 días. Con series interligas y juegos interdivisionales, conseguir dos equipos que puedan ser enviados a Cooperstown durante su día libre es una tarea que se ha hecho cada vez más difícil".

O sea, que el problema es la dificultad. Quienes organizan el calendario de las Grandes Ligas no tienen suficiente creatividad o paciencia para coordinar que dos equipos que jueguen cerca de Nueva York durante el verano puedan viajar por un día a Cooperstown. Hoy en día hay 30 equipos en las mayores y esto es un juego que se hace desde 1939, cuando apenas habían 16. En el pasado las maneras para llegar a Cooperstown y los viajes entre ciudades eran mucho más difíciles y forzados. Todos los juegos de ambas ligas eran un todos contra todos (no habían divisiones).

¿Y en el año 2008 Selig dice que "es difícil" jugar 9 innings entre 2 equipos en Cooperstown?

Pero los dioses del béisbol son grandes. Mucho más grande que la avaricia de Selig y los dueños y que la actitud de los jugadores. La madre naturaleza se pronunció diciendo: "Este no puede ser el final, así que vengan a Cooperstown a perder el día realmente porque aquí nadie va a jugar de esta forma". Desde tempranas horas de la mañana el cielo estaba completamente nublado y alrededor de las 11:00 de la mañana se abrió para permitir la realización del desfile que pasa por la calle principal del pueblo y termina en el Doubleday Field conla llegada de los jugadores.

Cuando las tribunas ya estaban repletas el cielo se cerró y cayó de pronto el primer aguacero. Sin embargo no hicieron el anuncio oficial de suspensión. Había esperanza.

Greg Maddux, el lanzador activo con más victorias esperó que cesara un poco la lluvia para salir al terreno y donar oficialmente la camisa de su victoria número 350 al Salón de la Fama. Después de este simple pero significativo acto, vino la estocada final: La suspensión del juego. Fue uno de esos aguaceros de gotas frías, que de pronto se convirtieron en granizo. Al comenzar a caer los pedazos de hielo, se hizo el anuncio de que el último Juego del Salón de la Fama se cancelaba por primera vez en la historia antes de su inicio. El granizo le puso punto final a casi 70 años de historia.

Yo me preguntaba…¿Dónde está Selig? ¿Por qué no está acá mojándose como todos nosotros y recibiendo golpes de hielo desde el cielo? ¿Habrá alguna forma de sacarle dinero a este hielo y venderlo como mercancía de Major League Baseball? Quizás de esa forma se le pueda ver la cara.

Los negocios alrededor de la calle principal y del Doubleday Field, abarrotados de souvenirs de todo tipo y de artículos históricos, estaban llenos de gente buscan refugio del agua. Mientras yo compraba una limonada en un pequeño mercado, escuché a una señora con el uniforme de Tony Gwynn de los Padres de 1984, que decía: "este no puede ser el final de todo…yo viaje más de 10 horas para venir acá y gasté más de 3 mil dólares, estoy feliz de estar en Cooperstown, pero esto no puede acabar así".

El nuevo presidente del Salón de la Fama Jeff Idelson, dijo sobre el juego: "Bueno, obviamente es triste ver lo que pasó hoy. Tenemos ahora opciones sobre la mesa y todas las ideas son válidas, lo cierto es que no podemos dejar de tener acá en el pueblo una actividad así al año Quizás probemos con juegos de celebridades, o leyendas o miembros del Salón de la Fama, quizás algún equipo quiera venir voluntariamente, vamos a discutir y a esperar".

Del pueblo no se movió nadie. Al día siguiente se anunciaban lluvias y tormentas, pero como por arte de magia el cielo se abrió y un sol radiante iluminaba la vistosa calle principal de Cooperstown, donde se detuvo el tiempo parcialmente y el reloj camina más despacio. La gente visitaba el museo y comtemplaba las placas de los más grandes del juego, caminaba por los negocios y cafés vistiendo las camisas y gorras de sus equipos. Todos lamentaban no ver ni un pitcheo del partido, pero apoyaban con su presencia la conservación de la mística de este pueblo montañero llamado Cooperstown, un lugar donde aprendemos sobre nosotros mismos y nuestros recuerdos a través de la historia de este juego llamado béisbol.

miércoles, 11 de junio de 2008

El sombrero y el puro detrás de King Kong


¿Quién se atreve a negar que los Dodgers son el equipo más popular entre los mexicanos? Si no es el más popular, al menos está entre los primeros 2 (por la cercanía y empatía de los San Diego Padres con la comunidad de Tijuana).

No es para menos. Los Dodgers en 1980 subieron a un lanzador que se convertiría en ícono de una afición, su héroe, su identidad, su raza…Fernando Valenzuela, un hombre que llegó para revolucionar el béisbol ganando en su primera temporada los premios al Novato del Año y Cy Young de la Liga Nacional, llevando a los Dodgers al título de la Serie Mundial en 1981. Este movimiento cultural chicano se conoce con el nombre de la Fernandomanía.

Todos conocemos los logros de Valenzuela, quien hoy en día continúa ligado a los Dodgers como comentarista de radio en español. Sin embargo, pocos recuerdan el hombre que hizo posible todo este escenario: Mike Brito.

Y es que Brito, es sin duda alguna, uno de los buscatalentos más famosos de las Grandes Ligas, un verdadero hombre de béisbol con miles de historias que contar que ha llevado su imagen hasta las pantallas de Hollywood. Ha sido la pieza principal para la integración completa de los Dodgers con la comunidad hispana de Los Angeles, tras su llegada a esta ciudad en 1958.

Brito fue firmado con la organización de los Washington Senators para quienes jugó en sus sucursales de Ligas Menores hasta AAA como receptor, desde 1955 hasta 1961, espacio donde nunca tuvo la oportunidad de subir a las mayores. Ante esta situación, decidió emigrar a la Liga Mexicana donde militó 5 temporadas más antes de retirarse tras arrastrar con una lesión que limitó su talento, para dedicarse luego a la enseñanza del juego y búsqueda de jugadores.

50 años después de dejar atrás los años dorados en Brooklyn, el místico Ebbets Field, y la nostalgia aún presente, de los fanáticos neoyorquinos, conversamos con Mike Brito, quien tiene 30 años con la organización azul, sobre esta nueva etapa del béisbol en el oeste, que para muchos es uno de los mayores cambios en la historia del juego.

Como siempre, Brito nos recibe con su característico sombrero estilo Panama Jack, su alargado puro y sus hambre por conversar de pelota…

Don Mike…cual es su tabaco favorito para conversar de béisbol?


El Montecristo Churchill es sin duda el mejor.

Pues enciéndalo ahora...los Dodgers cumplen 50 años en Los Angeles esta temporada y mucho se habla de la nostalgia en Brooklyn, pero ¿Cómo se recuerdan los sentimientos de los fanáticos del oeste con la llegada del equipo?

Bueno imáginate la alegría de los fanáticos del béisbol en esta zona hace 50 años, que los Dodgers jugaron sus 2 primeras temporadas en el Los Angeles Memorial Coliseum, donde cabían para béisbol como 80 mil personas y lo llenaban casi todos los días. Los Dodgers fueron líderes en asistencia en esos años, mientras se construía el Dodger Stadium en los terrenos de Chavez-Ravine. Este equipo ganó la Serie Mundial de 1959, con apenas un año en su nueva casa ante un equipazo como fueron los White Sox de 1959. En más de 50 años en Brooklyn sólo ganaron una vez, pero aquí triunfaron desde el primer momento. Su mudanza fue para mejor, no me cabe la menor duda de eso.

¿Pero los Dodgers se apegaron mucho a mantener sus jugadores que venían de Brooklyn por varios años y no hubo cabida para jugadores latinos; no era buena la relación con la comunidad hispana?

Si, si la era porque los mexicanos de Los Angeles siempre han apoyado a los Dodgers, pero al principio, este equipo era más elitista. Dodger Stadium era un lugar de reunión de actores de cine, ejecutivos y gente influyente de la ciudad. No fue hasta la llegada de Manny Mota cuando los Dodgers tuvieron su primera estrella hispana…

¿Y el cubano Sandy Amorós?

Amorós tuvo la suerte de ser el único latino que vino con el equipo desde Brooklyn, pero siempre fue un jugador de reserva. Recuerda que los Dodgers eran como los demás equipos, no era fácil para un latino llegar a las mayores. En ese tiempo sólo Washington, Chicago, quizás Cleveland, firmaban jugadores latinos, otros equipos eran renuentes con esto.

¿Cómo fue cambiando este proceso?

Recuerda que para 1978 cuando fuimos a la Serie Mundial, ya teníamos jugadores como Pedro Guerrero, que era una estrella en el equipo. Yo como scout estaba asignado a buscar jugadores en secundarias y luego me mandaron a México. Yo sabía que este club tenía la necesidad de un jugador mexicano que llenara las expectativas de esa gran comunidad que buscaba un ídolo.

¿Y ese fue Valenzuela…su King Kong, como en la película "El Scout"?

Exactamente, Valenzuela fue King Kong en mi carrera como scout. Yo fui a ver un juego de la Liga Central en Guanajuato, para ver a un campo corto, y este chico era el lanzador. Yo no le presté atención, pero a medida que las entradas pasaban y el seguía dominando, yo ví algo especial. Ese era Fernando. Después del partido conversé con él y desde ahí nunca más me separé de él, ni siquiera cuando llegó a las mayores porque no hablaba inglés y los Dodgers me dejaron como su traductor y su motivador para que el se sientiera cómodo. Al Campanis (Gerente General de los Dodgers desde 1968 hasta 1987) comenzó a creer más en el pelotero latino después de Valenzuela, y la afición mexicana le respondió con creces, incluso hasta el día de hoy.

Es cierto lo que usted dice, porque eso se ve en la cantidad de jugadores hispanos con los Dodgers tras el debut de El Toro…

Claro, en un momento en los 80 llegamos a tener como 12 jugadores latinos. Los Dodgers fueron pioneros en las academias en latinoamerica con la apertura del Campo Las Palmas en la República Dominicana, de donde han salido tantos jugadores para las mayores.

¿Pero Valenzuela no fue su primera firma?

No, fue el venezolano Luis Mercedes Sánchez. El estaba jugando en México con el Águila de Veracruz y yo negocié con Beto Ávila para que me cediera los derechos porque hubo una huelga en la Liga. Me fui a buscarlo en Venezuela, y llegué hasta su pueblo, Cariaco. Me lo llevé a Caracas, le saqué una visa y luego nos fuimos para los Estados Unidos. Cuando llegó a AAA con los Dodgers, el equipo no lo protegió y luego llegó a las mayores con los Angels. Estos son de los errores que a veces cometen los equipos de Grandes Ligas al no proteger jugadores que nos ha costado trabajo firmar. Sin embargo, el scout al menos se queda con el crédito de descubrirlo. Me dolió mucho su muerte porque estaba aún joven.

Del baúl de sus recuerdos, sáqueme alguna de esas anecdotas que nunca mueren.

Bueno como tu eres venezolano, te digo una de un compatriota. Victor Davalillo tenía 3 años fuera de las Grandes Ligas y estaba jugando en México para Aguascalientes, y en 1977 ese tipo acabó con los pitchers de la Liga Mexicana (Bateó para .384), y yo le dije a Al Campanis 'Mira vamos a traernos a Davalillo desde México, que te aseguro que todavía le queda bastante en ese bate", y Campanis me preguntó "¿Pero que tal es él personalmente, es disciplinado?", y yo le dije "Si, es muy disciplinado, lo único que tiene es que le gusta tomarse sus tragos un poco más de la cuenta, pero creo que estará bien acá". Campanis, confió en mí y me lo traje. Davalillo bateó por encima de .300 en sus 2 primeras temporadas con nosotros, a casi sus 40 años y nos ayudó a llegar a la Serie Mundial en 2 años consecutivos. Campanis me decía "Yo no sé lo que este se toma, pero síguelo emborrachando para que siga bateando así!".

¿Don Mike, por último, ¿Cuándo conseguirá a su próximo Valenzuela, o a su próximo King Kong?

Bueno cuando en México salga otro Pedro Infante, o sea, es muy difícil que haya otro con el carisma y el talento de Fernando. Ojalá yo esté ahí para firmarlo.

viernes, 6 de junio de 2008

La nostalgia del Bronx


En este pueblo de 8 millones de historias llamado Nueva York, esta temporada ha sido extraña para quienes apoyan a un club de béisbol que lleva por nombre los Yankees.

En el Bronx la exigencia es el lema en condiciones normales. Los Yankees se exigen ganar la Serie Mundial; los jugadores se exigen rendir por jugar con los Yankees; los fanáticos exigen que el equipo gane y sea ejemplo de lo mejor del deporte; la prensa exige que el club sea competitivo y abierto; los dueños del equipo exigen victorias y dividendos. Es una guerra de exigencias. Así ha sido la vida de este club, desde la llegada de Babe Ruth en 1920, el hombre que inyectó en estos predios el concepto de exigencia en el mayor alcance de la palabra.

Pero este año, esas exigencias ha sido un poco flexibles.

Cada juego de los Yankees, especialmente los locales, está cargado de una extraña nostalgia en el ambiente. Cada una de las personas presentes en cada juego sabe que cada lanzamiento es una cuenta regresiva al final de un edificio cuyo significado va mucho más allá de un simple lugar donde se juega pelota. Yankee Stadium es un templo.

Es como una muerte anunciada, donde todos sufren a medida que la enfermedad avanza. Es inminente. Es doloroso.

A veces es difícil de entender como puede existir un sentimiento hacia un lugar.

¨Este lugar es como parte de nuestra casa¨ dice Ismael Colón, quien desde hace 22 temporadas se desempeña como acomodador de los fanáticos en la tribuna de la 1ra. base en Yanke Stadium.

¨Se siente de verdad como si llegaran a tu casa y te dijeran que van a tumbar un cuarto, o la sala. A pesar de que sabes que vas a tener una nueva, recuerdas todos los momentos de tu vida que pasaste ahí.¨ dice con nostalgia este puertorriqueño de 69 años.

Colón recuerda grandes historias: ¨Yo he vivido por más de 40 años en el Grand Concourse del Bronx, y solía ver caminando hacia el parque a los jugadores que vivían por acá.¨

De cada rato me topaba con Mickey Mantle quien después de almorzar en algún lugar cercano se iba a descansar al clubhouse antes del juego y en la noche escuchabas los gritos que venían del estadio por alguno de sus jonrones. ¿Cómo se olvida eso?¨

Los recuerdos en un lugar no se borran fácilmente con el tiempo.

Recientemente experimenté en Inglaterra el lamento vivo de los Londinenses sobre el mítico Wembley Stadium que abrió sus puertas en 1923 (casualmente el mismo año que Yankee Stadium).

El nuevo Wembley se construyó en el mismo lugar del original, pero los ingleses, atónitos con su moderno diseño y servicios, lo consideran como una ¨copia cara y falsa¨ del lugar donde vieron los grandes triunfos de su selección nacional de fútbol y algunos de los más grandes conciertos en la historia de la música popular del planeta. No están contentos con este megapalacio del deporte.

De hecho, la obra musical de teatro ¨We Will Rock You!¨, (actualmente en función por 6to. año consecutivo en el Dominion Theater de Londres) basada en los éxitos de la banda Queen, refleja en todo momento el recuerdo latente por el edificio donde los ingleses cantaban hasta quedarse sin voz ¨We are the Champions¨ acompañando la voz de Freddy Mercury.

En México, por ejemplo, la vida y esencia del béisbol en la capital de la república murió con la demolición del Parque del Seguro Social (Parque Delta en el pasado) en el año 2000.

Hoy los Diablos Rojos juegan en el Foro Sol, un parque de béisbol adaptado dentro de una pista de automovilismo. No existe un fanático mexicano que no lamente hoy en día la pérdida del lugar donde se vivía la rivalidad entre Diablos Rojos y Tigres a su máxima expresión.

En Flushing ha pasado lo contrario. El cierre del Shea Stadium ha sido traducido como una gran fiesta de espera para la apertura del Citi Field. Irónicamente uno de los factores que más llama la atención de los residentes de la zona por la apertura del nuevo parque, es su diseño que rememora al Ebbets Field, el antiguo estadio que fue la casa de los Dodgers, hasta su mudanza a Los Angeles en 1958.

Ebbets es sin duda el parque más recordado y con las historias más nostálgicas entre los aficionados. Es por esto que los Mets se han visto obligados a intentar recrear sus espacios. Aún después de 50 años la zona de Brooklyn no perdona la mudanza de los Dodgers y la demolición del parque en 1960.

De regreso al Bronx y al caso del Yankee Stadium, sin duda que su cierre dejará una honda herida no sólo a los fanáticos de los Yankees, sino a todos los aficionados al béisbol.

Incluso, los Yankees, y todo lo que les rodea, están actualmente en un eterno transe. Simplemente no pueden ganar. La nostalgia se apodera del talento.

El equipo está en el último lugar, con un nuevo mánager, jugadores jóvenes, nuevo jefe y la misma prensa. En cualquier otro año, las respuestas a estas situaciones no se hubiesen hecho esperar: mánager despedido, jugadores bajados, cambios drásticos y multimillonarios, respuestas duras por parte de la gerencia y abucheos en las tribunas. Pues este año es la excepción.

La prensa elogia el trabajo de Girardi con el equipo que tiene. Los fanáticos entienden las lesiones del club y tienen paciencia de que a pesar de estar de últimos, el club se puede recuperar. La voz de el ¨Jefe¨ no se ha escuchado públicamente, es su hijo Hank quien quiere tratar de parecerse a su padre haciendo declaraciones, pero con pocas acciones.

Incluso el esperado debut del súper prospecto Joba Chamberlain el pasado martes ante Toronto, no fue el esperado, mostrando un joven lanzador nervioso y desconcertado en el montículo, al cual le falta tiempo aún para digerir su talento y lo que se espera de él.

A pesar de su mediocre actuación, los fanáticos se levantaron de sus asientos para dar una ovación al lanzador que fue reemplazado en la 3ra. entrada. ¿Alguna vez habían visto a un público aplaudiendo a un lanzador local que lo saquen por descontrol en una 3ra. entrada? ¿En Yankee Stadium?

Todo esto forma parte de la magia de la temporada final de Yankee Stadium con todos sus fantasmas. Pareciera que la exigencia y meta del equipo hoy, y por el resto de la temporada será la nostalgia por el pasado por encima de una lluvia de champaña en octubre.

Quizás sea mejor para ellos sea mejor no despertar por el resto de la temporada, y mucho menos observar la tabla de posiciones del este de la Liga Americana.